miércoles, 8 de febrero de 2012

AIRES DE GUERRAS

Al abordar el análisis del tratamiento/manipulación de la información en los conflictos armados, nuestra hipótesis de partida es la siguiente: la actuación de los medios de comunicación en periodos de guerra, y de los grupos de poder que ejercen influencia sobre ellos, los gobiernos los primeros, no varía sustancialmente respecto al mantenido en los periodos de paz.

Lo que se produce es una exacerbación, una radicalización de esas acciones, de los medios y de los gobiernos, en sintonía con las convulsiones que sufren los escenarios en periodos de conflicto bélico y con la mayor permisividad que una ya poco exigente sociedad permite. Desde este punto de vista, estaríamos de acuerdo con aquella famosa sentencia pronunciada en 1917 por el senador estadounidense Hiram Johnson con motivo de la I Guerra Mundial (“La primera víctima de la guerra es la verdad”), pero añadiríamos que la verdad ya estaba moribunda antes del conflicto y que volvería a estarlo cuando la confrontación terminase.

Este planteamiento abre una puerta muy interesante para los analistas, ya que los periodos de conflicto armado se convierten en ocasiones ideales para desvelar con mayor claridad ese funcionamiento de medios y gobiernos. Por paradójico que parezca, un conflicto armado termina de sumir en la oscuridad la verdad de los hechos, pero alumbra sobremanera la verdad de la actuación de medios de comunicación y gobiernos.

Los medios de comunicación operan la construcción de la realidad. Esta construcción se genera desde un determinado marco generador cuya composición y límites están determinados por los grupos dominantes de una sociedad. Dentro de ese marco se realiza la interpretación de los acontecimientos, se construyen los sentidos. Según recoge Mucchielli , la influencia de una comunicación depende del sentido que esa comunicación tenga para el receptor, y ese sentido depende del contexto, del marco en que se produce la comunicación. Así pues, el control de ese marco permite el control sobre los sentidos, y de esta forma se consigue hacer efectiva la influencia, la manipulación sobre los receptores. En tiempos de ¿paz? pueden convivir diversos marcos, o si se prefiere, el marco dominante puede ser más amplio. Pero en tiempo de crisis, como lo es un conflicto bélico, el marco necesita ser redefinido, reducido y reforzado, de tal manera que la realidad generada desde él sea una única e incontrovertible. Todos los esfuerzos de un gobierno irán encaminados desde un primer momento a controlar la definición de ese marco, y para ello es imprescindible la colaboración de los medios de comunicación, generadores últimos de ese escenario, operando en dos líneas clásicas: control de cualquier emisor que pudiera intervenir en la definición del marco (comúnmente llamado “censura”) y difusión de sus propios mensajes a tal efecto constructivo (“propaganda”).

Antes que en el campo de batalla, una guerra se puede perder ante la opinión pública, por eso resulta fundamental su control. Así debió vivirlo Richard Nixon, que trataba de justificar el porqué de la derrota estadounidense en Vietnam con estas palabras: “Los dirigentes americanos no pueden hacer la guerra sin el apoyo firme de la opinión pública, y el pueblo americano sólo apoyará la guerra si está convencido de que se hace por una causa justa” .

Con el dinero de los poderosos petrodólares kuwaitíes se contratará a la agencia Hill & Knowlton, encargada de crear el acontecimiento sobre el que se montará todo el marco generador de la realidad a vender: la muerte de decenas de niños kuwaitíes en hospitales al ser sacados de sus incubadoras por parte de los soldados iraquíes (vieja estrategia de propaganda el construir un enemigo cruel). Como prueba fehaciente, el testimonio de una joven voluntaria en uno de los hospitales La supuesta testigo resultaría ser la hija del embajador de Kuwait en Washington. Para cuando se conociera la falsedad del montaje, ya sería demasiado tarde. La guerra estaba servida.

María Fraguas definía en 1985 la desinformación como “la acción del emisor que procede al ensamblaje de los signos con la intención de disminuir, suprimir o imposibilitar la correlación entre la representación del receptor y la realidad original” . Generalizando y actualizando esta definición podríamos decir que existe desinformación siempre y cuando se dificulta o imposibilita la correlación entre la representación del receptor y la realidad original. Es decir, cuando el receptor se ve impedido por agentes externos a elaborarse una representación cercana a la realidad de los hechos en toda su dimensión. Uno de los medios para llegar a la desinformación, y además crear una apariencia de estar informados, es el exceso de información, la saturación. Paradójicamente nunca ha habido tanto acceso aparente a información como ahora, sobre todo a partir de la explosión de internet, y en consecuencia tanto peligro de saturación. Las cantidades ingentes de datos e informaciones fragmentados, simplificados, descontextualizados y desorganizados separan cada vez más al receptor de la realidad, incrementando su desinformación. Sin duda otro factor clave de la desinformación actual es la velocidad autoimpuesta por los medios en sus labores informativas, con un claro origen de interés económico. Ser los primeros en dar la noticia se ha impuesto como el principal valor informativo, por encima de la calidad o la pretendida objetividad. Y si es regla habitual en el día a día, con más razón en periodos de guerra.

Ahora a los hechos, medios de comunicación israelíes informaron que Siria, considerada una aliada iraní, ha transferido armas avanzadas, del tipo que antes no se hubiera atrevido a entregar, a la milicia chiita libanesa Hezbolá. El Washington Institute for Near East Policy, un centro de estudios conservador y proisraelí, reportó que "Siria podría haber entregado a Hezbolá misiles antiaéreos rusos disparados desde un lanzador apoyado en el hombro --los Igla-S-- que podrían representar una amenaza para los cazas F-16 de la fuerza aérea israelí". Un hecho de difícil interpretación para los analistas es que Irán está trasladando la totalidad de su uranio de bajo enriquecimiento a instalaciones sobre tierra. Desde hace varios años, Israel también sube las apuestas y endurece su discurso al enviar a los medios un flujo constante de declaraciones advirtiendo sobre el peligro que Irán representa e insinuando un posible ataque preventivo contra ese país. Israel acompaña ese discurso con la presión diplomática a favor de rigurosas sanciones contra Irán, así como con ejercicios militares preventivos y simulacros de ataques contra la población civil.

Teherán también advirtió sobre la agresión israelí. Ahmadineyad sostuvo que Israel planea atacar Siria y Líbano y prometió que Irán apoyaría a estos dos países. Además, altos dirigentes iraníes, sirios y de Hezbolá han efectuado numerosos comentarios sobre la probabilidad de una guerra contra Israel. El asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, James Jones, sugirió que Teherán "podría intentar desviar la opinión pública internacional de la iniciativa del gobierno (de Barack) Obama, que intenta reforzar las sanciones contra Irán, mediante un ataque a Israel a través de Hezbolá o Hamás", según el diario israelí Haaretz. Estados Unidos, consciente de la tensión en la frontera septentrional israelí, exhortó a Israel y Siria que eviten una escalada en la región.

Algunos políticos iraníes respondieron con amenazas a través de las agencias de medios de comunicación estatales, como uno que decía: Irán debe cerrar el estratégico estrecho de Ormuz en represalia. Aproximadamente el 20% del comercio de petróleo del mundo y 1/3 del gas natural licuado del mundo transita a través del estrecho. De acuerdo con un análisis por el Centro Estratégico y Estudios Internacionales, "muchos analistas consideran esa acción como un evento de baja probabilidad (aunque de alto impacto)" por una variedad de razones. La razón principal es que cerrar el estrecho también sería ahogar a Irán en su capacidad de exportar aceite, su principal fuente de ingresos. También podría enviar a sus mejores clientes, por ejemplo China, a comprar petróleo en otros lugares. Además, esto supondría privar a Irán de su ruta de importación para muchos otros bienes, cerrar el estrecho podría dañar la economía local más de lo que harían las sanciones.

Estados Unidos e Israel despliegan tropas y equipos militares en gran número para la realización de juegos de guerra, terrestres, aéreos y navales. Miles de soldados estadounidenses han sido desplegados rumbo a Israel al igual que un importante número de pilotos de la reserva de la Fuerza Aérea. Luego siguieron las maniobras que hasta ahora se vienen llevando a cabo en el estrecho de Ormuz, la prueba de misiles de largo alcance iraníes y la amenaza de cierre de dicha vía de navegación. A su vez el despliegue militar estadounidense es considerado por el gobierno iraní como la avanzada para una futura agresión a su territorio. Según los gobiernos de Estados Unidos e Israel los ejercicios militares ya estaban pactados con anterioridad en el marco del Desafío Austero 12 y serán las maniobras con misiles más grandes de la cooperación militar conjunta de ambos países.

La dirigencia política iraní tras la instalación de tropas de Estados Unidos cerca del estrecho de Ormuz y el reforzamiento de naciones vecinas con equipos de última generación vendidos por ese país, consideran que las maniobras no serán una prueba, sino el comienzo de algo mucho más grande y lo ven como un acto de provocación para desatar una guerra regional en el Medio Oriente y Asia Central.

A primera vista, Israel y EE UU están unidos en su oposición a los supuestos planes de desarrollo de armamento nuclear iraní. Oficialmente, Estados Unidos considera inaceptables las intenciones de Irán y no descarta un ataque militar. Las acciones secretas de EE UU contra ese país (“secretas” pero descritas ante multitud de periodistas de probada lealtad imperial) siguen en marcha. A los aliados de Estados Unidos no se les deja de instar a ampliar las sanciones económicas antiiraníes que algunos han aceptado imponer.

La campaña presidencial ha suscitado manifestaciones extremas de solidaridad con Israel, tanto de los demócratas como de los republicanos. También ha reducido, si es que eso es posible, los niveles de prudencia y racionalidad en los que se enmarca el debate sobre la política exterior estadounidense. Los partidarios de Israel atribuyen intenciones exterminadoras a Irán y las peores motivaciones a quienes piden que se adopte una perspectiva más reflexiva. El presidente obtiene una parte considerable de su financiación de los prósperos ciudadanos judíos y sus estrategas esperan conservar entre el 60% y el 70% del voto judío, importante en el noroeste, Illinois y California. En Florida, donde ese sector del electorado es especialmente determinante, los ancianos jubilados judíos no leen artículos matizados de Foreign Affairs y, si creyeran que el presidente no apoya lo suficiente a Israel, las deserciones serían perjudiciales en un Estado donde los comicios son muy reñidos.

La mayoría de los políticos y publicistas prefiere evitar la polémica y las dificultades haciendo caso omiso de algo evidente: que los intereses nacionales de Israel y de Estados Unidos no son coincidentes. La capacidad de represalia del grupo de presión proisraelí sigue siendo enorme, e incluso en el protegido espacio de nuestras universidades, los críticos de la alianza estadounidense-israelí deben defenderse de los más viles ataques. Muchas de las organizaciones judías de Estados Unidos utilizan las críticas a Israel para despertar el miedo al antisemitismo en una población judío-estadounidense que casi no se puede creer su propio éxito.

Ciertos sectores del Gobierno estadounidense han sido partidarios entusiastas de las sanciones contra Irán, otros se han mostrado más comedidos. Las pruebas de que Irán tiene armas nucleares no son concluyentes. Pero sí está claro que cualquier ataque a ese país tendrá consecuencias muy graves y realmente imprevisibles. La virulenta retórica que muchos despliegan en el Congreso y la estúpida beligerancia de los candidatos presidenciales republicanos no expresan todo el abanico de opiniones que hay en Estados Unidos. Este sería un momento excelente para que las naciones de la UE siguieran su propio camino respecto a Irán.

Los analistas y periodistas del sistema, enfocan el conflicto de Medio Oriente como una puja de "voluntades personales" de los gobernantes y militares de los países involucrados. En las tesis de la prensa oficial, despojados de sus causalidades (económicas, políticas y militares) determinantes, los niveles de decisión de la "guerra" entre EEUU e Irán, quedan en manos de Obama y de Ahmadineyad, administradores eventuales y pasajeros del gobierno de sus respectivos países. Pero, en los términos de la realidad, la hora y el día del desenlace militar del conflicto no está determinado por una agenda de voluntades, sino por un conjunto de factores determinantes que van a eclosionar el desenlace militar. En la escalada del enfrentamiento entre EEUU e Irán hay tres ejes centrales predominantes que van a determinar -a la larga o a la corta- una resolución militar del conflicto:

1. Irán es una pieza clave en el gran tablero de la guerra por el control geopolítico y energético mundial entre EEUU y Rusia

2. Irán es una llave estratégica para el dominio y control militar de la región del Golfo Pérsico y del llamado "triángulo petrolero" (Mar Negro-Mar Caspio-Golfo Pérsico.

3. El surgimiento de Irán como potencia nuclear-petrolera-islámica pone en peligro la supervivencia del Estado de Israel y la hegemonía del control imperialista del eje EEUU-Israel-Unión Europea en Medio Oriente.