sábado, 25 de febrero de 2012

ARGENTINA – GRAN BRETAÑA: ¿QUÉ LOS MUEVE?

Aunque el discurso político último parece mostrar un cambio de escenario en la histórica disputa de soberanía entre Argentina y Gran Bretaña por las islas Malvinas, algunos dudan de que haya un verdadero cambio de fondo al respecto.

El cruce verbal entre representantes de Buenos Aires y Londres fue subiendo de tono en las últimas semanas, tensando el clima justo en el año del 30 aniversario de la guerra por el archipiélago ubicado próximo a la costa continental argentina austral en el océano Atlántico, que dejó alrededor de 900 muertos. “Hay un cambio en la política argentina que pone nerviosa a Gran Bretaña pero no sabemos que costos y beneficios tiene esta estrategia”, ponderó el argentino Federico Merke, licenciado en relaciones internacionales, Profesor de la Universidad del Salvador y Universidad de San Andrés, dio crédito a la estrategia argentina de “elevar los costos de la ocupación” británica. Sin embargo, advirtió que “para sentarse a negociar falta mucho”.

Las islas Malvinas, ocupadas por Gran Bretaña desde 1833, fueron invadidas militarmente el 2 de abril de 1982 por decisión de la última dictadura argentina (1976-1983) pese a que estaba vigente la resolución de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 1966 que invitaba a ambos países a negociar la soberanía. El enfrentamiento armado se prolongó hasta el 10 de junio, cuando las fuerzas argentinas se rindieron ante las tropas británicas.

Las relaciones entre ambos países estuvieron interrumpidas desde entonces y hasta los años 90, pero Argentina no ha dejado de pedir el diálogo pacífico en cuanto ámbito internacional le toque actuar a sus autoridades. Argentina “va a seguir con el reclamo de sentarse a dialogar y a negociar” y “recabando apoyos” internacionales, afirmó la presidenta Cristina Fernández el pasado 25 de enero.

En los dos últimos meses, el gobierno argentino había sumado respaldos de países latinoamericanos que se muestran más comprometidos con su reclamo de soberanía sobre el archipiélago. El Mercosur, resolvió en diciembre en su cumbre semestral en Montevideo impedir que buques con bandera de las islas (Falkland Islanders, según la denominación británica) recalen en puertos de sus países miembros. También Chile, como país asociado al bloque, reafirmó que impedirá la presencia de barcos de ese origen en sus puertos. En cambio, ese país no se pronunció aún sobre el reiterado pedido argentino de cancelar los vuelos de aprovisionamiento y pasajeros que salen desde la sureña ciudad de Punta Arenas hacia Malvinas. Merke sugirió que habrá que estar atentos a lo que pueda ocurrir con el guerrillero chileno Galvarino Aplabaza, cuya extradición era solicitada por Chile, donde se lo acusa por el asesinato de un senador. Argentina le dio refugio político en 2010.

La causa argentina también mereció apoyo explícito de países de América Central, recogidos en una gira de su canciller, Héctor Timerman por Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Guatemala. Ya había recibido un renovado respaldo de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que incluye a los 12 países de la región, de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, incluidos los estados anglófonos del Caribe, y de la Organización de los Estados Americanos.

No obstante, Londres sigue negándose a una negociación bilateral por la soberanía, reivindica el presunto derecho de los habitantes de las islas a la autodeterminación y responde al reclamo argentino reforzando la dotación militar en esos dominios. El primer ministro británico, David Cameron, desestimó los esfuerzos argentinos para forzar un diálogo, calificándolos como “injustificados y contraproducentes”, y más tarde tildó de “colonialista” a Buenos Aires por reclamar la soberanía de las islas Malvinas. Su Administración convocó al Consejo Nacional de Seguridad y aprobó un plan de emergencia para aumentar la presencia militar en el archipiélago de cara al viaje que hará en febrero el príncipe Guillermo para un entrenamiento en la Real Fuerza Aérea.

La presidenta argentina le respondió recordando que 10 de los 16 conflictos pendientes de resolución en el Comité de Descolonización de la ONU corresponden a Gran Bretaña. “Si se dice eso es porque no se tienen razones ni argumentos”, añadió.

Fernández diferenció expresamente el reclamo diplomático permanente de este país de la invasión militar de 1982 y anunció que creará una comisión que estudie la apertura del llamado Informe Rattenbach sobre el conflicto, declarado secreto militar por la dictadura por 50 años. Ese informe, encargado por la dictadura a una comisión militar presidida por un oficial de ese apellido para investigar la actuación de los uniformados durante la guerra de Malvinas, nunca fue publicado oficialmente.

El politólogo argentino Vicente Palermo, autor del libro “Sal en las heridas. Las Malvinas en la cultura argentina contemporánea”, interpretó no obstante que en el cruce bilateral de acusaciones “hay mucho ruido y pocas nueces”. “El gobierno argentino logró un avance diplomático con el apoyo regional, pero no mucho más”, indicó. “No veo un progreso importante que vaya a desembocar en un cambio cualitativo en las relaciones de fuerza diplomáticas”, advirtió.

Palermo se refirió a la estrategia argentina que consiste en sumar apoyo regional. Timerman sostiene que América Latina debe unirse en la protección de sus recursos naturales, incluyendo el petróleo y la pesca en torno a las islas reclamadas. Gran Bretaña acaba de decidir la instalación de una segunda plataforma para perforar al sur y sudeste del archipiélago en busca de hidrocarburos, en tanto la empresa estadounidense de Anadarko manifestó interés en el negocio de exploración insular.

Para Palermo, investigador del Instituto Gino Germani de la estatal Universidad de Buenos Aires, tampoco es nueva la posición que este mes reiteró el Departamento de Estado (cancillería) de Estados Unidos, evitando pronunciarse sobre la cuestión de fondo. En un comunicado oficial, Washington reiteró que “reconoce la administración de facto de las islas por parte de Gran Bretaña, pero no tomamos posición con respecto a la soberanía”.

“La estrategia argentina es elevarle los costos a Gran Bretaña todo lo que le sea posible, pero el límite de esa estrategia se ve cuando se infringen costos a sí misma y ahora también a los aliados a los que les pide que se involucren más”, alertó Palermo. Para este experto, Gran Bretaña “siempre estuvo un poco aislada”. “No tiene un gran consenso internacional a sus espaldas” respecto de sus supuestos derechos sobre Malvinas, pero es difícil que Argentina logre aumentar este aislamiento, opinó.

Y es que el espacio geopolítico sudamericano y de la Patagonia austral , parece ocupar un lugar marginal entre los focos de interés y de estudio de las Ciencias Sociales, mientras que la geopolítica contemporánea “navega” por los mares de la energía, de los impactos ambientales y el cambio climático o de la inestabilidad endógena de las democracias latinoamericanas.

El surgimiento de nuevos ejes geopolíticos en América Latina, producto de un período de formación de numerosos gobiernos de izquierda y de centro izquierda en la región sudamericana (Ecuador, Bolivia, Venezuela, Brasil, Nicaragua, Paraguay, Uruguay, Argentina), nos puede hacer perder de vista que los dilemas, tensiones, diferendos y juegos de intereses que se entrecruzan entre Estados y naciones en esta parte del mundo, se siguen prestando un análisis geopolítico crítico, que tome en consideración la pluralidad de variables y de factores que componen la escena geopolítica.

La cuestión central que ocupa a la región austral del continente es la problemática energético-ambiental. En la medida en que los mares, fondos marinos, territorios continentales, archipiélagos e islas constituyen espacios geográficos dotados de considerables reservas de hidrocarburos y fuentes energéticas renovables y agua natural, entre otros recursos, la explotación sustentable de estas fuentes energéticas se convierte en una variable estratégica que determina fundamentalmente el despliegue de intereses de todos los actores involucrados en la zona, previéndose algunos escenarios, a saber:

Un escenario de integración en el espacio patagónico austral, se sustenta en la hipótesis que los actores estatales, corporativos-privados y socio-culturales presentes en la zona, despliegan sus intereses bajo una lógica de cooperación, de interdependencia eficaz y de complementariedad. El predominio de la lógica de integración supone potenciar las perspectivas de cooperación, de manera que los distintos actores estatales y corporativos se implican en una sinergia de cooperación susceptible de potenciar el desarrollo del área, apuntando hacia una modernidad integradora e inclusiva, abierta a las múltiples dimensiones de la globalización. Los dispositivos de integración que se instalan en este escenario, pueden ir desde políticas y medidas de integración física, administrativa, cultural, política y social, hasta la constitución de un mercado común patagónico, como arena geoeconómica al interior de un espacio común patagónico en el que participan las regiones de países y los Estados de Chile, Argentina y Gran Bretaña.

Un escenario de diferendos, tensiones y conflictos, se sustenta en la hipótesis que los actores en juego, prefieren adoptar políticas y estrategias diplomáticas y geoeconómicas orientadas por el propósito de prevalecer hegemónicamente y de introducir y forzar modificaciones en el statu quo, alterando la estabilidad, la paz y el desarrollo. El predominio de una lógica competitiva y confrontacional supone potenciar los recursos militares y la utilización de los recursos con fines estratégicos, de manera que los distintos actores estatales y corporativos se implican en una dinámica de competencia y hegemonía susceptible de mantener el subdesarrollo del área, dando paso a una modernidad excluyente y asimétrica, centrada en una globalización comercial.

La polémica originada en 2010 a propósito de las exploraciones británicas en el fondo marino de Falklands Islands, tiene necesariamente varias dimensiones: una dimensión específicamente geoeconómica y una dimensión diplomática.

La dimensión geoeconómica está dada por la presunción fundada de que en el lecho marino del Atlántico Sur y en las inmediaciones del archipiélago de las Falklands, existan reservas considerables de petróleo y gas natural, lo que convierte a la zona en un espacio geoeconómico de interés dadas las limitadas reservas petroleras de Argentina y Gran Bretaña. Según un estudio realizado en 1998 por la Geological Society of London, el mar que rodea a las islas Falklands podría contener el equivalente a unos 60.000 millones de barriles de petróleo. Para poner la relevancia de esa cifra potencial, hay que compararla con las reservas actuales con las que cuentan el Reino Unido y Argentina. Los británicos disponen hoy en día unos 3.800 millones de barriles de petróleo mientras que Argentina cuenta con unos 2.600 millones. El involucramiento del gobierno británico en esta campaña de exploración es evidente: se creó en el archipiélago dee Falklands, una empresa destinada específicamente a este fin: la Oil & Gas Falklands Limited.

La dimensión diplomática del problema viene dado por el doble hecho que ambos Estados han solicitado a Naciones Unidas extender el alcance soberano de sus respectivos mares territoriales, a fin de cubrir las exploraciones petroleras y que el diferendo va camino de convertirse nuevamente en un tema álgido de la agenda multilateral latinoamericana, introduciendo un factor de cohesión pero también de diferencias entre los gobiernos sudamericanos según cuál sea su relación con Gran Bretaña y Argentina. En 2009 ambos países presentaron reclamos de extensión ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas.

El reclamo argentino amplía en un 35% el límite de los 4,8 millones de kilómetros cuadrados de lecho y subsuelo marinos considerados por el país bajo su soberanía, e incluye las islas Malvinas/Falklands, Georgia y Sandwich del Sur. En tanto, el Reino Unido también presentó una demanda por el lecho marino de esas islas. La Comisión deberá verificar la información presentada por todos los países antes de establecer los nuevos límites.

Al trasladarse el diferendo al plano diplomático multilateral y en cierto modo bilateral, se ponen en tensión las relaciones de cada uno de los Estados sudamericanos con Gran Bretaña y con Argentina respectivamente, resituando la política exterior de cada país y cada gobierno en una perspectiva geopolítica ya conocida. Lejos están los tiempos sin embargo del “…o estás conmigo o estás contra mi…”, porque las realidades brutales del realismo político y sobre todo del realismo de los negocios y de la llamada diplomacia petrolera, pesan mucho más fuerte hoy que los ruidosos nacionalismos discursivos y las retóricas altisonantes.

Caben entonces algunas interrogantes:

• ¿Brasil apoyará a su aliado sudamericano o mantendrá Itamaraty un equilibrio inestable y benevolente con Gran Bretaña para no alterar su llegada al “primer mundo”?

• ¿El Mercosur alcanzará una dimensión más política frente al diferendo anglo-argentino?

• ¿Qué postura adoptará la diplomacia chilena, tradicionalmente cercana a Gran Bretaña, con los ojos puestos en los tratados de libre comercio con las potencias mundiales, ahora socia de la OCDE y asumida por un gobierno liberal de derecha, frente al gobierno centro-izquierdista argentino?

• ¿El Grupo de Río o la OEA, dos arenas multilaterales significativas de la región, emitirán algo más que declaraciones públicas frente al diferendo?

• BH Billiton, una de las grandes corporaciones privadas involucradas en la exploración inglesa en el fondo marino de las Falklands, ¿no tiene también cuantiosas inversiones en Chile y en Argentina?

• ¿Qué pesará más en este nuevo escenario: la diplomacia petrolera o la diplomacia de las Cancillerías?