jueves, 14 de febrero de 2013

¿ESTA A PUNTO DE TERMINAR LA GUERRA CIVIL EN SIRIA?

Antes de analizar con detalle el contexto actual de Siria, propongo hacer un dibujo rápido en la panoplia de los grupos sociales que viven en el mundo árabe. Empecemos primero por la composición étnica y sectaria de todo el Medio Oriente área. 

El mundo árabe está construida como un castillo de naipes, elaborado por Francia y Gran Bretaña en los años 20’s del siglo XX, justo después de la explosión del Imperio Otomano. Fue arbitrariamente dividida en diecinueve estados, todos formados por la combinación de las minorías y grupos étnicos irregulares, a fin de armar un rompecabezas siempre en riesgo de entrar en un estado de fibrilación. Con la única excepción de Egipto, en la que una mayoría musulmana sunita se enfrenta a una importante minoría de cristianos coptos en el Alto Egipto, todos los estados del norte de África están poblados por una mezcla de no arabizados bereberes y árabes.
Todos los estados del Golfo y Arabia Saudita, son los envases frágiles que contienen sólo petróleo. En Kuwait, los kuwaitíes constituyen sólo una cuarta parte de su población. En Bahréin, los chiítas son la mayoría, pero se ven privados de poder, por lo tanto, las protestas y la represión brutal de la familia gobernante de Al-Khalifa, que aún permanecen en silencio, los medios de comunicación completa. En los Emiratos Árabes Unidos, más y chiítas son una vez más la mayoría, pero los sunitas están en el poder. Lo mismo puede decirse de Omán y la República de Yemen. En Arabia Saudita la mitad de la población son extranjeros, la mayoría de los egipcios y yemenitas, pero una minoría saudita en el poder. La monarquía hachemita de Jordania, por su parte, se compone de más de un 40% de los palestinos, pero está gobernado por una minoría beduina Transjordania.
Junto a los árabes, los otros estados musulmanes comparten la misma situación de complejidad interna. La mitad de la población iraní está representada por un grupo que habla de sí mismo y la otra mitad por un grupo étnico turco, por no hablar de la minoría kurda en el país. La población de Turquía comprende una mayoría turca que asciende al 76%, 18% de los kurdos, los árabes 3% de los alauitas y la parte restante de otros grupos. Por otro lado tenemos la denominación 82% se identificaron como suníes Hanafi, Shafi sunita 9,1%, 5,7% alevista, el 3% alauitas y cristianos 0,2%. Incluso en Afganistán, el principal componente es musulmana sunita, con las minorías chiítas (15%) en el centro de la ciudad y cerca de la frontera con Irán. En sunita de Pakistán están presentes en una minoría de alrededor de treinta millones de chiítas que a menudo se crean momentos de peligro de la fricción.
Siria no tiene diferencias fundamentales con respecto al Líbano, salvo para el régimen que lo gobierna. Los sunitas, ya que en 1516 el sultán otomano Selim I en la victoria de Dabiq Marg, cerca de Aleppo, Siria ocupó mantener bajo su control durante cuatro siglos, han sido el equipo dominante en todo el dominio de la Sublime Puerta. Otros grupos en el país son los musulmanes, de los cuales siete son todavía tres sobrevivientes que son distintas en las montañas de Siria y se han desarrollado diferentes tradiciones sociales y culturales: alauíes[1] (14%), drusos (3,5%) y de los ismaelitas (1%). Las fortalezas de esta comunidad se encuentran sobre todo en torno a Latakia y Tartus. Los alauitas han sido durante mucho tiempo las comunidades más pobres, atrasados ​​y oprimidos de la sociedad siria, hasta que el mandato francés estableció el territorio “autónomo de los alauitas” (1920), a continuación, Estado alauí (1922), que más tarde pasó a formar parte Federación de Siria y se redujo a vilayato.
Los cristianos sirios[2] son, desde el punto de vista de los números, una de las tres principales comunidades de Oriente Próximo con los maronitas en el Líbano y los coptos de Egipto. En Alepo, hay once comunidades cristianas y nueve obispos de diferentes ritos. Damasco es el hogar de tres patriarcas: ortodoxa griega, griego-católico (melquita), y la siria ortodoxa.
Desde finales de los treinta en el país es también una gran comunidad de los kurdos, que ahora asciende a cerca de dos millones 500 mil personas. Estos se añaden más de cuatrocientos mil refugiados palestinos, pertenecientes a todas las clases sociales y económicas, se refugiaron en Siria. Todos los ciudadanos tienen igualdad de derechos y la ley no contiene ninguna discriminación, el Estado es laico y establece que la religión no prevalecerá sobre la vida de cualquier ciudadano, sin perjuicio de la libertad de religión garantizada para cada individuo o comunidad. Las minorías étnicas y lingüísticas (los kurdos, circasianos, armenios, los beduinos, y desde el año 2003 unos dos millones de iraquíes huyeron de la guerra), no son menos importantes que la religiosa.
Este fresco rápido de divisiones etno-sectarias, que van desde Marruecos hasta la India y desde Somalia a Turquía, pone de relieve el potencial de terremotos que, si bien “cosquillas”, puede ser sometido a una amplia zona geográfica. En este mundo desigual, hay también algunos pequeños grupos de ricos y una gran masa de gente pobre. En los Estados del Golfo, Arabia Saudita, Qatar y Turquía se ha concentrado una extraordinaria riqueza en el dinero y el petróleo, pero los que se benefician son pequeños estratos de la élite sin una sólida base de apoyo, algo que, obviamente, ningún militar puede proporcionar.
Si sumamos a ello, los conflictos energéticos, con los recientes descubrimientos de petróleo y gas, importantes pero no enorme, situado en una zona inexplorada del mar Mediterráneo (entre Grecia, Turquía, Chipre, Israel, Siria y Líbano), sugieren que región podría convertirse en un “nuevo Golfo Pérsico”. Como fue el caso de la “otra” del Golfo Pérsico, el descubrimiento de la riqueza de hidrocarburos podría llegar a ser sinónimo de una terrible maldición de la región geopolítica.
Los conflictos históricos en el Medio Oriente pronto suplantado por nuevas batallas seres para el acceso a los recursos de petróleo y gas del Mediterráneo oriental, el Levante Cuenca y el Egeo. Consideraremos inicialmente las consecuencias del descubrimiento de un campo gigante mar adentro de petróleo y el gas de Israel. En un segundo artículo, vamos a ver las implicaciones de los descubrimientos de gas y petróleo en el Mar Egeo entre Chipre, Siria, Turquía, Grecia y el Líbano.
Y es que tras 21 meses de enfrentamientos, la guerra civil en Siria, ha entrado en su fase final. Más lentamente de lo que querrían los rebeldes y quienes les ayudan a derribar el régimen de los Al-Assad pero más deprisa de lo que suponen quienes lo defienden, la guerra civil ha superado un período de equilibrio en el que cualquiera de las dos partes podía acabar imponiéndose para entrar en su fase final donde sólo los rebeldes pueden ganar. Las fuerzas leales han perdido la iniciativa y tratan de defender las posiciones estratégicas que ocupan en las grandes ciudades, la zona costera y las vías de comunicación que las unen. Aunque todavía disponen de capacidad para impedir que las fuerzas rebeldes consoliden sus ganancias territoriales, ya no pueden hacer frente a todos los rebeldes en los numerosos frentes que éstos les abren cada día porque han perdido la superioridad militar que han mantenido hasta ahora y van cediendo terreno a los rebeldes. Las vías terrestres de comunicación se han vuelto inseguras y cada vez dependen más de los medios aéreos para sus acciones operativas y logísticas, por lo que la captura de armamento antiaéreo a las fuerzas leales y la llegada de misiles tierra-aire están inclinando decisivamente la balanza en favor de los rebeldes.
La guerra civil en Siria ya está decidida aun antes de que se produzcan los últimos combates porque las guerras modernas no se ganan sobre el campo de batalla de las ciudades sino entre las percepciones de las poblaciones. El centro de gravedad de una guerra, es decir, el hecho decisivo que altera el curso de la contienda, ya no se consigue mediante una victoria militar sino haciendo triunfar la percepción de que uno de los dos bandos va a ganar inevitablemente.
Las actuaciones militares y diplomáticas de última hora, dentro y fuera de Siria, se enmarcan en la progresiva asunción del relato y conducen la guerra civil hacia su fase final en la que ya se conoce cuál va a ser el ganador y, mientras los bandos se preparan para librar los últimos combates, todos los actores se preocupan por lo que pueda ocurrir al día siguiente de la caída del régimen que la forma y fecha en que esto sucederá.
Los progresos rebeldes comienzan a crear dudas entre los partidarios del régimen y crecen los rumores –ayudados por la guerra psicológica y la propaganda– de proyectos de fuga o deserciones entre quienes hasta hoy defienden el régimen, incluido el presidente, su familia y los círculos políticos, económicos y militares más restringidos. Sean reales o virtuales, las informaciones tienen ahora más credibilidad porque encajan en el relato triunfador y crean entre las personalidades del régimen la inquietud de pensar cuándo y cómo deberían hacerlo para ponerse a salvo. Los partidarios al gobierno, han visto cómo sus viviendas, barrios y negocios se han visto afectadas por los combates y cómo las fuerzas gubernamentales han ido cediendo terreno a los rebeldes. Los combates y el miedo han generado más de dos millones de desplazados y de medio millón de refugiados que, como muchos otros sirios, deben pensar ahora dónde reconstruirán sus vidas para evitar verse implicados en los ajustes de cuentas que se ven venir. Las minorías no suníes –como la drusa, kurda, cristiana y, especialmente, la alauí– temen la revancha de la mayoría suní, especialmente la de sus elementos más radicales que ya han demostrado su capacidad de venganza durante la guerra civil. Quienes combaten también piensan qué harán el día siguiente y cuál será su destino, su cuota de poder o quiénes serán sus aliados tras la caída del régimen.
La percepción de que se aproxima el fin del régimen también se refleja en el campo diplomático. Rusia y China, que hasta ahora han estado tratando de encontrar una salida al régimen desde dentro del mismo, han comenzado a sondear los sectores de oposición y a los rebeldes para buscar alternativas. Sus contactos, sobre todo de los rusos, les facilitan la interlocución con los actores locales que pueden acelerar o retrasar la caída del régimen desde dentro. Sin esos contactos y sin tanta influencia interna, EEUU, Francia, el Reino Unido y los países del Golfo han dejado de apoyar al Consejo Nacional Sirio, una construcción suya desde el exilio que ha sido incapaz de articular durante el último año un proyecto de futuro, de aglutinar las distintas facciones políticas y de coordinar las acciones militares del Ejercito Libre Sirio.
En su lugar han articulado en noviembre de 2012 una Coalición Nacional Siria de las Fuerzas Revolucionarias y de Oposición a la que se han apresurado a reconocer Francia, los países del Golfo y los de la Liga Árabe, salvo Iraq, Argelia y Líbano, y a la que se prepara una puesta en escena el 12 de diciembre en Marraquech para aumentar su base de apoyo, incluido el de EEUU y el resto de los países Amigos de Siria. Para hacerlo, tendrán que demostrar que tienen la unidad, el programa y la implantación que no tenía el Consejo Nacional Sirio para capitalizar la caída del régimen y liderar un proceso de transición. Sin embargo, y gracias a la imposición del relato, la expectativa de una pronta caída del régimen podría facilitar la labor de la nueva Coalición en la medida que la colaboración con ella facilitaría el acceso a los fondos, armas y asistencia que se precisan para concluir la guerra y encarar la transición. Hasta ahora, las milicias y los mandos del denominado Ejército Libre de Siria se han resistido a cualquier control jerárquico pero los donantes externos les han obligado a hacerlo si quieren seguir recibiendo fondos, armas y asistencia.
No sería descartable que se acordara una intervención externa para proteger directamente los arsenales militares en colaboración con las fuerzas de seguridad sirias o, con mayor razón, si estas desaparecen junto con el régimen: intervenciones de última hora motivada por razones de seguridad y humanitaria tras una guerra civil, en lugar de apoyar un cambio de régimen para concluirla.
Esto en cuanto a las dinámicas internas del país. Pero sucede que Siria, como ya hemos comentado, ocupa un lugar geopolítico de primer orden, donde confluyen los intereses de todas las potencias regionales de Oriente Medio y, de una manera más remota, también los de Rusia, EE.UU., Europa y China.  Y según el profesor Imad Shuebi, la agresión mediática y militar contra Siria está directamente relacionada con la competencia mundial por los recursos energéticos. En momentos en que asistimos al derrumbe de la eurozona, en que una grave crisis económica ha llevado a Estados Unidos a acumular una deuda que sobrepasa los 14,940 billones de dólares, en momentos en que la influencia estadounidense declina ante las potencias emergentes que conforman el BRICS, se hace evidente que la clave del éxito económico y del predominio político reside principalmente en el control de la energía del siglo XXI: el gas.
Y Siria se ha convertido en blanco precisamente porque de halla en medio de la más importante reserva de gas del planeta. Por si esto ni fuera suficiente, recientemente se ha descubierto cerca de Homs un yacimiento de gas con la capacidad de producir 150 millones de metros cúbicos de gas al año; Siria literalmente flota sobre una de las reservas de gas natural más importantes del planeta, lo que ha lanzado a las grandes potencias a una competición por el control de estos recursos energéticos. Así pues, a la guerra civil de los insurgentes contra la dictadura se superpone una lucha entre las grandes potencias para hacerse con el gas sirio, y este segundo combate es la que está subvencionando económicamente al primero.
Cuando Israel emprendió la extracción de petróleo y gas, a partir de 2009, estaba claro que la cuenca del Mediterráneo se había sumado al juego y que había dos posibilidades: o bien Siria iba a ser objeto de un ataque o toda la región lograría vivir en paz, ya que se supone que el siglo XXI sea el siglo de la energía limpia.
Según el Washington Institute for Near East Policy (WINEP, el think-tank del AIPAC), la cuenca del Mediterráneo encierra las mayores reservas de gas y es precisamente en Siria donde se hallan las más importantes. Ese mismo instituto ha emitido también la hipótesis de que la batalla entre Turquía y Chipre se intensificará porque Turquía no puede aceptar la pérdida del proyecto Nabucco (a pesar del contrato firmado con Moscú en diciembre de 2011 para el transporte de gran parte del gas de South Stream a través de Turquía).
La revelación del secreto del gas sirio da una idea de la enorme importancia de lo que está en juego. Quien tenga el control de Siria podrá controlar el Medio Oriente. Y a partir de Siria, puerta de Asia, tendrá en sus manos «la llave la Casa Rusia», como decía la emperatriz rusa Catalina la Grande, y también la de China, a través de la Ruta de la Seda, lo que le permitirá dominar el mundo ya que este siglo es el Siglo del Gas.
Es por esa razón que los firmantes del acuerdo de Damasco, que permite que el gas iraní pase a través de Irak y llegue al Mediterráneo, creando un nuevo espacio geopolítico y cortando la línea vital de Nabucco, declararon en su momento que «Siria es la llave de la nueva era».
El petróleo fue la causa de las guerras del siglo XX. Hoy estamos viendo el surgimiento de una nueva era: la de las guerras del gas.



[1] Alawi es el adjetivo árabe relativa deriva del nombre de Ali, que en este caso significa “devoto de Ali”. Los alauitas o Nusayri constituyen la minoría más grande en Siria. La secta se forma en el siglo IX-X en el sur de Irak, el crisol de las doctrinas ismaelitas, de las iniciativas notables de Basora, Ibn Nusayr, de ahí el nombre de Nusayri y llegó al norte de Siria en el siglo décimo.
[2] En la segunda mitad del siglo XX, la población cristiana se ha reducido gradualmente en proporción: en el marco del mandato francés (1920-1946) que representaban el 20% de la población siria en 1948 al 14,1%, mientras que en el siglo XX siendo el 10%, la mitad de los cuales se concentró en Damasco.