jueves, 8 de diciembre de 2011

GEOPOLÍTICA DEL VIH/SIDA

El VIH/SIDA destapa al mundo.


El VIH/SIDA no es solamente una enfermedad o un castigo divino. Es una realidad geopolítica y estratégica de primera magnitud que debe ser asumida en primer lugar por los gobiernos y los dirigentes políticos pero, sobre todo, por la sociedad humana en su conjunto.

El VIH/SIDA nos obliga a repensarnos, es un reto a la imagen que tenemos acerca de cómo deben ser las cosas. Nos gusta vivir en la fantasía, pensar que un hombre se casa con una mujer, que solo tienen sexo para reproducirse y que ambos viven felices hasta que la muerte los separa. La presencia del VIH/SIDA, es como una gran cachetada que nos despierta de ese cuento de hadas. Es tal el horror a la realidad, a como han cambiado las cosas desde los años 50’s, que muchos optan por la negación.

Las nuevas generaciones tienen un manejo más relajado de la sexualidad y las generaciones que les preceden, dentro de los que se encuentran nuestros dirigentes, parecen o no darse cuenta o no aceptar esto. Así se arma el entramado de un juego mortal; se ponen en jaque nuestras prácticas usuales -la doble moral, el silencio en torno al sexo. En vez de actualizarnos, de desechar esa imagen desfasada del mundo, insistimos en tratar de embutir a los demás en esas ideas limitadas que tenemos. Es una “crisis de valores”, gritan las voces agoreras, queriendo decir que los humanos no nos comportamos como a ellos les enseñaron que debemos comportarnos.

Entonces seguimos con el tema de la abstinencia y viendo a los seropositivos como creadores de su propia desgracia, como si no fueran como el resto de los mortales. “Si lo tienen, algo habrán hecho” nos ensimismamos y, quizás, le comentemos a las personas cercanas (pero no a viva voz porque no queremos que piensen que somos crueles). Sin embargo, como pensamos que la infección es algo que no nos pasa a nosotros, no tenemos el incentivo para cambiar nuestras actitudes y, sobretodo, nuestra conducta, para ajustarla a los esquemas del sexo más seguro. Por el peso de estas creencias, luego una persona recibe el diagnóstico y piensa que ya no le queda mucho y que es una mala persona, cuando la realidad es que es una condición crónica que puede manejarse y que no tienen nada que ver con su valía ni su identidad.

En las circunstancias actuales cabría preguntarse para qué sirven conferencias o reuniones internacionales. En primer lugar debe responderse, que para resumir los avances en la investigación y el lanzamiento de nuevos fármacos, resultados, los avances y retrocesos (que también los hay) relacionados con estas investigaciones y experiencia. Pero sobre todo, para que las opiniones públicas vayan tomando conciencia de que tras una euforia un tanto ficticia creada por los nuevos tratamientos, la geopolítica del sida es una amenaza inesquivable: 70 millones de personas morirán en el mundo en los próximos 20 años por su causa. ¡Y esas son palabras mayores!

Además de la dimisión de los Estados en el área de la salud, ha surgido otro combo mortal conformado por el incremento de la pobreza y la progresión del virus de inmunodeficiencia humana. La Organización Mundial de la Salud estima que, a finales de este siglo, entre 30 y 40 millones de personas serán afectadas por el VIH y 10 millones por el SIDA. Así, el SIDA ya no es un problema tangencial, ni una problemática limitada a las discusiones de expertos. Es el mal del siglo, que, a la vez, conduce a la necesidad de encarar otros males humanos, tales como la injusticia, la pobreza y la segregación. A estas alturas, se hace necesario enfocarlo como un problema multidireccional, que visibiliza los sesgos del modelo neoliberal, principalmente el principio privatizador de la salud y las áreas sociales.

El mapeo geopolítico del SIDA revela, como la Norte/Sur, pues mientras los índices de progresión de la pandemia se multiplican en el Sur, principalmente por causa de la pobreza y la falta de información, apenas el 10% de recursos son encaminados hacia estas regiones. En América Latina, el mapa de la seropositividad tiene las siguientes características: 46.8% de las personas afectadas son hombres, 20% son mujeres, alrededor del 30% son niñas y niños. Se estima que cada minuto ocurren 5 nuevos contagios en el mundo.

Si en Occidente, en un comienzo, se consideró que el SIDA atacaba primordialmente a los varones homosexuales, ya hace tiempo que la pandemia -especialmente en África- afecta principalmente a las mujeres. En el período 1999-2001, el porcentaje de mujeres creció del 41 al 47% entre el total de infectados; a este fenómeno se lo ha denominado "feminización del Sida" y se debe, al menos en parte, al hecho de que muchas mujeres no pueden controlar cuándo y con quién tienen contacto sexual y que, en muchos lugares del mundo, no se les permite, ni se les alienta, a entender su propio cuerpo, lo que las vuelve más vulnerables.

En África, el SIDA causa 10 veces más muertos que las guerras. Según señaló Population Reports, publicación de la Universidad Johns Hopkins, en Sudáfrica, durante la exhibición de una obra de teatro representada en la calle que trataba de alertar sobre el SIDA, "un público integrado por 1.000 hombres vitoreó al personaje masculino cuando le pegó a su esposa porque ésta le propuso usar un condón''. Si bien los condones femeninos pueden comprarse en algunos países de África Occidental, su precio es relativamente alto. En Senegal, por ejemplo, uno de esos preservativos cuesta cerca de 1,7 dólares, 24 veces más que el precio de uno masculino, lo que de por sí implica una forma de discriminación.

En muchos casos, las infectadas son niñas y adultas víctimas de violaciones, a manos de desconocidos, de soldados saqueadores, o de sus propios esposos (entre 16 y 52 % de las mujeres de este mundo han sufrido abusos físicos por parte de su pareja al menos una vez en la vida, en muchos casos, el abuso consiste en una violación sexual). La violencia de género, y el temor a la misma, provocan en muchos casos la sumisión de las mujeres y, con ella, aumenta la posibilidad de que sean infectadas. La prostitución, el tráfico sexual y el turismo sexual, formas de explotación arraigadas en el planeta, también son un factor que favorece la feminización de la enfermedad. Epidemiológicamente, las mujeres también serían más vulnerables. Se estima que el semen tiene una concentración mucho mayor de VIH que el fluido vaginal, lo que hace a las mujeres correr mayor riesgo de adquirir el virus, más aún en los casos frecuentes en los que el contacto sexual tiene lugar en la edad en que la superficie mucosa todavía es tierna o cuando está dañada debido a rituales y prácticas tales como la mutilación genital o los matrimonios tempranos, entre otros.

Estudios realizados por la Organización Mundial de la Salud en 11 países africanos muestra que la incidencia de esa infección en mujeres de 20 a 24 años de edad triplica a la registrada en hombres y es cinco veces mayor entre adolescentes del sexo femenino que entre varones del mismo tramo de edad. La pandemia de SIDA en África, además de reducir la expectativa de vida, elevar la mortandad y disminuir la fecundidad, no sólo está dejando menos mujeres vivas sino además produciendo millones de huérfanos: el 90 % de los 11 millones de huérfanos que dejó el SIDA hasta 1999 son africanos. Según un informe de UNICEF sobre Asia, la propagación del virus habría triplicado la población de huérfanos en el año 2000. Actualmente, el número de niños y niñas que tienen padres infectados con el VIH es mucho mayor que el número de los ya huérfanos.

La creciente incidencia del VIH en la población infantil es un indicador del rápido contagio. Esos niños, socialmente aislados debido al estigma de la enfermedad, tienen menos probabilidades de ser inmunizados y más de padecer desnutrición, de permanecer analfabetos y de ser víctimas de abuso. Cerca de 3% de las embarazadas entre 15 y 19 años que se atienden en clínicas prenatales de grandes ciudades de Camboya están infectadas. En Tailandia la proporción es de 2%; en Myanmar, 1%. Según datos de ONUSIDA (Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA) y la Organización Mundial de la Salud, India está en el lugar número 10 en la lista de países (el resto de los cuales son africanos) con el mayor número de niños que viven con VIH/SIDA.

El virus reduce la fecundidad. Para la fecha en que los síntomas aparecen, las infectadas están un 70% menos proclive a quedar embarazadas que aquellas no tocadas por el virus. Debido a que las mujeres africanas generalmente mantienen relaciones sexuales con varones mayores que ellas -y que éstos tienen más posibilidades de estar infectados-, las mujeres contraen más tempranamente la enfermedad y mueren antes de que sean completados sus años reproductivos.

África subsahariana alberga a 69 % de la población seropositiva de todo el planeta, pero la lucha contra el SIDA en el continente y el subcontinente recibe como máximo 1% del presupuesto destinado a la salud. Sólo tres países en desarrollo destinan más de 1% del presupuesto de salud a la lucha contra la pandemia. En el África subsahariana, la región más afectada del mundo por el SIDA, sólo Senegal, Zambia y Uganda han desarrollado políticas definidas de lucha contra la enfermedad. En Asia, el VIH/SIDA crece tres veces más rápido que los fondos destinados a hacerle frente. La expectativa de vida, un indicador clave del crecimiento económico, está cayendo rápidamente en África. En Zimbabwe, de no mediar el flagelo de HIV, la expectativa de vida para 2010 hubiera sido de 70 años. Debido al virus, se espera que caiga a menos de 35 años. En Sudáfrica caerá de 68 a 48 años y en Zambia de 60 a 30. "Estas tasas son más propias de la Edad Media que de la edad moderna", señaló Lester Brown, director del Worldwatch Institute, quien agregó que, a menos que se dé un milagro médico, casi todos los 24 millones de africanos infectados con el virus morirán.

La enfermedad y la pandemia conforman un círculo vicioso. La persistencia de la pobreza, en los países menos desarrollados, a la vez, convierte a estas naciones en reservorios de infección. Lo mismo sucede en términos de género: los hogares encabezados por mujeres, en general más pobres que el resto, son particularmente vulnerables a los efectos económicos de la enfermedad, y a la enfermedad misma. Si bien indirecta, la relación entre la enfermedad y la inestabilidad política es considerada algo real. Es por eso que las organizaciones que trabajan en este rubro están enfatizando en la necesidad de incrementar los procesos educativos, informativos y comunicacionales, como un elemento sustantivo para encarar la prevención del SIDA, tanto para visibilizar la problemática como para contribuir al desarrollo de articulaciones sociales y de enfoques inclusivos y democráticos sobre el tema.

En los últimos años, dos elementos claves han entrado a definir las acciones de las organizaciones que luchan contra el SIDA. El primero tiene que ver con el respeto de los derechos humanos de las personas que viven con VIH/SIDA y el segundo es la participación democrática de estas personas en las decisiones relativas a los programas y acciones desplegadas en función de la pandemia. Asimismo, se plantean diversos elementos de orden socio-económico, entre ellos: el derecho a la salud, que comprende el acceso a atención y medicamentos, el derecho a la educación e información; y otros de orden ético, tales como el respeto a la dignidad y a la humanidad.

Pese a los avances en el terreno científico y la extensión de los nuevos –y muy caros– medicamentos, el sida sigue siendo una bomba de tiempo y una catástrofe anunciada para la humanidad. Léase sino atentamente el último Informe de la agencia especializada de Naciones Unidas ( ONUSIDA) publicado el pasado martes sobre la progresión de la enfermedad sobre todo en Asia, ex Unión Soviética, Europa del Este y Extremo Oriente.

Pero no todo son malas noticias, y por primera vez en 30 años el Programa Conjunto de las Naciones Unidas con el Sida (ONUSIDA) ajustó a la baja sus cifras sobre la prevalencia del VIH, debido a que la pandemia se mantiene estable, informó Javier Arellano, asesor del Fondo de Población de la ONU. “Es la primera vez en 30 años que ONUSIDA ajusta sus cifras a la baja, esto es resultado de la lucha contra el virus, pero no significa que la epidemia se hay detenido o se esté revirtiendo, hay algunos contextos donde sigue siendo muy grave”, afirmó.

Arellano explicó que de los 33 millones de personas infectadas con VIH, 22 viven en África subsahariana; 4.1 en Asia meridional; y 1.4 en América Central y el Caribe. Se calcula que en América Latina hay entre 1.4 y 1.6 de millones de personas viviendo con VIH. Además, dijo, cada año 92 mil personas se infectan con el virus y 58 mil personas mueren por la enfermedad. Sin embargo, destacó que la prevalencia en la región se ha mantenido estable de 0.5% en 2006 a 0.4% en 2010. Para el asesor de la ONU el sector más vulnerable a la enfermedad es la juventud, pues se tiene registrado que 50% de las nuevas infecciones por VIH corresponden a jóvenes de entre 15 y 24 años de edad, lo que se traduce en 5 mil a 6 mil jóvenes infectados cada año en el mundo. Actualmente, millones de personas del mismo rango de edad ya viven con el virus.

Según el Instituto de Estudio de Estratégicos de Londres (IISS) 1 de cada 4 adultos africanos morirá en los próximos 10 años por causa de esa enfermedad; 7 países tienen unos índice de infección más de un 20% y el Banco Mundial estima que el SIDA reducirá en algunos países su PNB hasta un 20%.

Este combate, naturalmente, es mucho más intenso en el mundo desarrollado como señalan crudamente las estadísticas. Solamente el 4% de las personas infectadas en el Tercer Mundo tienen acceso al tratamiento anti-retroviral mientras que, por ejemplo, en América del Norte (USA y Canadá) la mitad de las personas afectadas tiene acceso a estos medicamentos. Claro que culpar a los países ricos y prósperos de insolidaridad cuando algunos países han decidido –es el caso de África del Sur– olvidarse de las medidas preventivas o incluso negar que la enfermedad se transmita por vía sexual, sangre o inyecciones, además de injusto es una irresponsabilidad. Esta tentación sigue existiendo sería bueno que en Barcelona los asistentes no cayeran en la trampa.

El Sexto Objetivo de combatir el VIH/SIDA para 2015 es ambicioso, pero se avanza en la dirección correcta. Tan sólo entre el año 2001 y el 2008 hay una disminución de 18% en la cantidad de recién nacidos infectados con el VIH y 4.5 millones de personas de países de ingreso bajo y mediano han recibido medicina antirretroviral a la fecha. El conjunto de medicinas –cocktail- que se están suministrando, no sólo prolongan la vida de los enfermos, sino que podrían detener la transmisión del virus. Hay voces que han señalado que el SIDA se podría curar, porque una de cada mil personas afectadas controla la infección de manera natural sin desarrollar nunca los síntomas, y recientemente se han dado a conocer estudios que han identificado los anticuerpos que neutralizan el SIDA, lo que podría coadyuvar a que en un futuro no muy lejano se encuentre una vacuna para este terrible mal. Por el bien de la humanidad ojalá así sea.