martes, 30 de abril de 2013

ANÁLISIS SOBRE LAS ELECCIONES PRESIDENCIALES VENEZOLANAS DEL 14 DE ABRIL DE 2013


El régimen que impuso Hugo Chávez en Venezuela es un rompecabezas compuesto de continuidades, retrocesos y contradicciones. 

Un Gobierno que abraza algunos preceptos del socialismo occidental, una veta historicista de celosa soberanía, una concepción demagógica de la democracia y el retorno a las visiones del Estado positivista encargado de transformar a su sociedad hasta construir el "Hombre Nuevo", con el que tanto soñó la izquierda latinoamericana durante la mayor parte del siglo XX. Todas estas piezas, aisladas y dispersas, encuentran sentido en el chavismo, una corriente política sustentada en un hombre que logró reconciliar a Marx y a Bolívar, a Plejanov y a San Martín, sin importar sus distancias ideológicas y sus claras aversiones políticas.  
La Venezuela de Hugo Chávez, bajo su mandato desde 1999, es un juego de luz y sombras. Despierta tanta polémica hablar del mandato del oriundo de Sabaneta al Oriente de Venezuela, que es difícil ver la "película completa". Sus detractores descansan su crítica en el magro crecimiento económico, en la rampante inseguridad pública, en su proclividad hacia el juego de la Petropolítica y el agrandamiento ininterrumpido del Estado. Sus fieles seguidores prefieren voltear la mirada hacia la reducción de la pobreza, la disminución de la desigualdad, la extinción del analfabetismo y el ímpetu gubernamental por construir un sistema de salud de calidad para toda la población. 
Y es que todas estas realidades coexisten a diario en una Venezuela que se mueve a base de distintas velocidades y ritmos. El proyecto chavista, desde su concepción, tiende hacia lo rural, hacia los márgenes de las grandes urbes. Incluso, la fuerza política del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) reside precisamente en las localidades pequeñas, en los grandes centros agrícolas y en las periferias de las ciudades más importantes de Venezuela. En estas grandes áreas, abandonadas por gobiernos anteriores, late el corazón del chavismo. 
La Venezuela de hoy es en materia económica polifacética. Por un lado, los primeros años del chavismo convirtieron la legitimidad política en crecimiento económico. Empujado por el sector petrolero, Hugo Chávez comenzó su odisea reformando a profundidad a la compañía estatal Petróleos de Venezuela S.A (PDVSA). Tras décadas de apertura de la paraestatal, el recién desembarcado proyecto socialista nacionalizó buena parte de la empresa y mantuvo algunos mecanismos de cooperación como los contratos de riesgo. Así, Chávez centralizó los recursos energéticos a la orden del proyecto nacional en ciernes e inundó a las arcas estatales con millones y millones de dólares provenientes de la exportación de hidrocarburos a todos los puntos cardinales. De esta manera, las carretadas de recursos económicos fueron a parar a una gran plataforma de políticas sociales abanderadas por el chavismo y a la construcción de una red político-clientelar que le permitía asegurar triunfos electorales. 
Sin embargo, desde los primeros días de Chávez en la silla del Palacio de Miraflores, las inestabilidades económicas han sido más la regla que la excepción. 
La defensa de la democracia y el respeto al estado de derecho son quizá los elementos más criticados del régimen chavista. Hay que decir que Venezuela vive elecciones recurrentes, se renuevan todos los poderes en un entorno pluripartidista y la afluencia de votantes se encuentra por encima de la media electoral en América Latina. Sin embargo, lo que está a debate no es la posibilidad de votar, sino las condiciones con las que se ejerce este derecho. Los medios de comunicación audiovisuales son manejados por el aparato estatal y la oposición tiene pocas posibilidades de aparecer en cadena nacional lanzando un mensaje político. Los diarios críticos del chavismo han sufrido embates constantes por parte del régimen, ante lo cual la organización Internacional Freedom House ha señalado violaciones reiteradas a la libertad de expresión en Venezuela. Así, la democracia venezolana tiene los ingredientes necesarios para realizar elecciones y determinar ganadores y perdedores, aunque en un contexto de desigualdad política y económica. 
En el mismo sentido, Chávez no fue el mayor promotor de la fortaleza del entramado institucional de Venezuela. Por un lado, su relación con el Congreso fue ambivalente: negoció con él cuando tiene la mayoría y gobernó a golpe de decreto durante los tiempos donde la oposición ha tenido influencia en el Legislativo. A pesar de todas estas vicisitudes, en octubre del año pasado, el candidato opositor, Henrique Capriles aceptó su derrota y llamó a cerrar filas con el presidente reelecto.
Y es que la frase de “Venezuela es el mejor país del mundo” no sé quién la habrá acuñado, se habla de las bellezas de Venezuela, entendiéndose por tal, además de sus mujeres, sus playas, el Ávila, la Gran Sabana, ciudades pintorescas como Maracaibo, lugares que parecen haberse detenido en el tiempo como la mayoría de los pueblos andinos, incluso obras arquitectónicas de las cuales enorgullecernos como el Puente Rafael Urdaneta sobre el Lago de Maracaibo, la represa del Gurí, el teatro Teresa Carreño, el Paseo Los Próceres y, otrora, la Autopista Caracas-La Guaira, conjuntamente con los teleféricos de Mérida (el más largo y alto del mundo) y el del Cerro El Ávila. Se habla también de “su  gente”, que si es alegre, simpática, dicharachera.
Todo lo anterior es cierto. Pero también es cierto que Venezuela es una contradicción en sí misma. Lleva un karma en su ingeniería política desde incluso antes de su fundación, cuando los españoles en época de la colonia nunca elevaron a esta parte del mundo a algo más que una Capitanía General, un cuartel pues, cuando en México, por ejemplo, el Perú o incluso Colombia tenían la categoría de Virreinatos.
En tiempos de la Colonia, la Capitanía General de Venezuela era un territorio sin mayor importancia política para el Reino de España. Fue una Colonia extremadamente rural y pobre, donde sus principales productos de exportación fueron por 4 siglos el café, el añil y el cacao, donde se conformó una sociedad de castas groseramente sectaria, en donde los blancos criollos, los blancos de orilla y los blancos peninsulares eran los únicos que tenían derechos civiles y políticos, donde se marginaba a los mestizos, los zambos, los negros y los indios, donde había esclavitud,  donde los pardos era una creciente sociedad marginada.
Luego, en tiempos de la independencia, hasta el arribo de Gómez al poder, se suscitan 150 años  de guerras y revoluciones intestinas en la lucha por el control del poder político. Juan Vicente Gómez fue un dictador, pero apaciguó al país y profesionalizó y unificó al ejército, de no haber sido por él, las guerras y revoluciones por la toma del poder hubiesen seguido hasta nuestros días.
Se dice que Venezuela entró al siglo XX, a la muerte de Gómez, y eso es decir bastante, entramos con 35 años de atraso, pero que durante este tiempo encontró una súbita riqueza que la haría cambiar bruscamente, cambio para el cual quizá no estaba preparada, ni la república, ni su gente ni sus gobernantes: El petróleo.
El oro negro transforma al estado venezolano en una nación súbitamente rica. Pérez Jiménez quiso transformar el país rural a urbano en menos de 10 años. Un cambio de país rural, pobre a un país urbano aparentemente rico. Pero esta transformación se haría en dictadura y Venezuela había estado gobernada por militares desde su fundación y el sistema ya no estaba acorde con los tiempos, por lo que fue derrocado y empezó la “república civil”, la democracia, y con ella, los excesos de populismo.
El populismo de AD, Copei y los factores de izquierda que hicieron vida política en el país le hizo mucho daño a la sociedad; los gobiernos hacían lo que tenían que hacer, pero no se esforzaban en cambiar la idiosincrasia del pueblo, para ganar votos el populismo hizo estragos, el estado paternalista le hizo la idea a una gran parte de venezolanos pobres en que iban a vivir mejor a punta de “papá estado” que te daba el techo de zinc para el rancho o bloque si era de cartón, el vaso de leche escolar, los útiles para la escuela, la madre del barrio, la madre “procesadora” y, luego del derrumbe de la cuarta república otras modalidades más elaboradas de populismo, conocidas como “Misiones”. ¿Que son importantes? De pronto sí lo son, pero no es la vía para salir del atraso y el subdesarrollo. Hoy día Venezuela parece más una república del África Subsahariana que cualquiera de sus vecinas latinoamericanas.
¿Cuál es el rostro de la Venezuela de hoy en día? Delincuencia disparada, cárceles putrefactas donde la ley la pone el reo más fuerte y no el estado, donde los hospitales sencillamente no funcionan, donde las carreteras, túneles, puentes y autopistas están en un estado deplorable por falta de mantenimiento, donde no hay presencia policial en las calles, donde falla el servicio eléctrico y de agua potable, donde no hay tratamiento para las aguas servidas y estas descargan libremente en los ríos, lagos y playas contaminándolos, donde no se respeta el derecho del otro, donde llenar un tanque de gasolina es más barato que comprar una lata de refresco, donde las invasiones están a la orden del día, donde te tocan la corneta de manera insensible, donde todo el mundo se come la luz roja, donde a pesar de la crisis mundial de agua que se presagia para los próximos años tenemos los principales acuíferos como el Lago de Maracaibo y el Lago de Valencia así como casi todos los ríos importantes contaminados, donde hasta el agua que llega a los hogares llega contaminada porque no se le hace mantenimiento a los embalses de agua o simplemente por desidia, donde la gente conduce con los vidrios cerrados por temor a la delincuencia, donde los pueblos del interior parecen más bien pueblos fantasmas por el desastre de sus calles, aceras, fachadas, etc.
En fin, Venezuela hoy por hoy es un desastre. Por eso, de verdad no sé cuándo fuimos el mejor país del mundo, pero es seguro que hoy no lo somos. Sin embargo, vemos una población indiferente, que lanza basura a la calle, que deja de comer para operarse los senos y glúteos, que prefiere tener el celular más caro a pesar que inviertas 3 meses de sueldo en ello, que va a los centros comerciales en diciembre a gastarse las utilidades aunque en enero esté pelando, que se mete a chavista pa’ buscar chamba, que no se toma nada en serio ni siquiera el comunismo que te están metiendo de a poco.
La Venezuela de hoy está a la deriva, es un país donde la escala de valores se encuentra invertida, donde la figura de un pran o un malandro es más respetada que la de un maestro o un policía. Donde un juez o un abogado son asociados a mafias y corruptelas, donde se le teme tanto al policía como al antisocial.
Venezuela necesita gobernantes que modelen con virtudes basados en principios y valores éticos, en moral y luces como dijo Simón Rodríguez a la sociedad; debemos enseñar ética en las escuelas y los liceos, en las Universidades y Politécnicos, no podemos seguir formando bachilleres, enfermeras, policías médicos, abogados, ingenieros, economistas sin ética, porque serán ciudadanos carentes de ética, cuyos resultados vemos hoy día, todos los días, en esta descompuesta sociedad venezolana actual; a su vez, mientras tengamos un gobierno que ensalza los valores de la mentira, el malandraje, la soberbia, el discurso de odio y el pillaje como valores, difícilmente saldremos de este atolladero social.
Y ahora para la guinda de la torta, se nos presenta el apretado triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales sobre Henrique Capriles,  detonante para que esa nación despierte de la anestesia que le aplicó durante 14 años Hugo Chávez con programas sociales que lograron convencer a una mayoría desinformada, que el fallecido militar llevaría a los venezolanos a algo mejor que el paraíso terrenal, con su “socialismo Siglo XXI”, invento del sociólogo alemán e investigador de la UNAM Heinz Dietrich. Estaban las mayorías empobrecidas alucinadas y pueden pagar caro ese olvido voluntario. 
Esta situación debería servir para que los candidatos triunfador y perdedor de la reciente contienda electoral presidencial reflexionaran sobre la situación tan grave de un país que puede deshacerse, si continúa la polarización, que amenaza con escalar a niveles incontrolables.
Al momento de redactar esta reflexión se habían registrado siete muertos por las protestas en contra del “fraude electoral”. Una y otra fracción se culpan de los hechos sangrientos, sin mirar de cara al futuro inmediato: Nicolás Maduro no podrá gobernar un país con ese grado de polarización. No basta con disparar como metralla sus lugares comunes de que su gobierno es víctima de conjuras imaginarias, promovidas desde Estados Unidos. Maduro creyó que podría repetir el esquema y se estrelló con otra realidad. Denunció que Estados Unidos inoculó de cáncer a Hugo Chávez, y que en breve presentaría las pruebas. Antes de las elecciones habló de una gran conjura del imperialismo norteamericano para socavar las instituciones venezolanas, pero no aportó dato alguno que soportara su aserto. A Chávez se le perdonaban sus desplantes. A maduro se los cobraron con votos. Maduro despojo al chavismo  685.794 votos en 10 días de campaña; y Capriles sumo 679.099 votantes.
El chavismo no previó que un día los resultados electorales pusieran en duda sus rotundos y arrolladores triunfos y no puso en ley alguna la posibilidad de recontar los votos o irse a una segunda vuelta, como ocurrió en Perú y Bolivia. Así, Maduro, tiene frente a sí a una hidra de 100 cabezas. La ingobernabilidad lo tiene bajo amenaza. Capriles alimenta la idea del fraude. Ambas posiciones se continúan radicalizando y nadie sabe cómo puede acabar esto.
Hay elementos que han provocado históricamente cuestionamientos a las elecciones venezolanas recientes. La mayor parte de ellas apuntan hacia una excesiva intromisión estatal en favor de un candidato y un esquema desigual en la contienda. El Consejo Nacional Electoral no sólo administra las elecciones. Es auténticamente uno más de los poderes del Estado. Tiene atribuciones para organizar comicios, proponer leyes, anular o validar las elecciones, llevar el registro civil, etc. Este Consejo Nacional está integrado por cinco rectores que no deberían tener filiaciones partidistas, pues son propuestos por organizaciones sociales y facultades de derecho. No obstante, es alto el grado de politización que acompaña a su integración, de manera que hay académicos que suscriben que cuatro de los rectores son afines al proyecto chavista, mientras que el quinto lo es a la fuerza mayoritaria de oposición.
Derivado de lo anterior, son pocas las evidencias de que pudiera haber aceptación de un resultado adverso. Si bien en dos de las cinco elecciones recientes (2007 y 2010) el chavismo ha reconocido triunfos de la oposición, lo cierto es que en ésta los ánimos están mucho más encontrados. No hay manera de saber si Nicolás Maduro podrá podrían reconocer la victoria del otro.
Esta es la Venezuela de 2013 llena de contradicciones, afirmaciones e involuciones. Una Venezuela menos desigual y menos pobre aunque más insegura e inestable económicamente; una Venezuela con presencia a nivel mundial y con voz en las instituciones globales, aunque derrochando recursos energéticos y comprando voluntades nacionales; una Venezuela donde se celebran elecciones libres, legítimas y representativas, aunque con impulsos antidemocráticos, clientelares y corporativos; una Venezuela que sabe leer y escribir y que tiene aspiraciones de más años de estudio, aunque con empleos precarios y salarios deprimidos.