sábado, 19 de noviembre de 2011

CHINA Y SU PAPEL EN ESTE ESCENARIO INTERNACIONAL

Aunque son diversas las fuerzas que explican la relevancia de Asia en el sistema internacional, la atención se dirige hoy de modo especial a la influencia adquirida por la República Popular China, como consecuencia de su crecimiento económico, su modernización militar y su activismo diplomático. La suma de estos elementos está transformando el orden regional y provocando la incertidumbre tanto de Estados Unidos como de los países vecinos. Todos ellos han comenzado a responder a este nuevo poder chino.


La reacción se ha hecho esperar en el caso de la única superpotencia: ni el regionalismo económico asiático ni el auge de China habían conducido a una revaluación de su política hacia el continente. En los últimos meses han podido observarse los elementos de la estrategia con que EEUU está respondiendo al nuevo contexto geopolítico asiático.

En este primer decenio del siglo XXI, el sistema planetario continúa experimentando mutaciones profundas en el plano geopolítico. Si hubiera un concepto que defina dichos cambios estructurales que tienen lugar en el orden mundial debería hablarse de incertidumbre y de redistribución de las hegemonías y para la Geopolítica moderna, por lo tanto, todos los espacios, todos los territorios son arenas de poder, ámbitos reales y/o virtuales en los que se manifiestan poderes y donde se compite por su control y dominación. Esto no quiere decir que la lectura geopolítica sea una interpretación conflictual de las relaciones entre actores políticos, lo que se subraya hoy es que el conflicto es una condición inherente a dichas relaciones, pero que la Geopolítica puede interpretarlos también a la luz de otros parámetros intelectuales como la interdependencia o la integración.

Asistimos a cambios estructurales profundos en el orden mundial, pero al mismo tiempo, las continuidades persisten con la inercia propia de los sistemas políticos, económicos y mentales que se niegan a desaparecer. El término del ciclo de la guerra fría, ha abierto una insospechada “caja de Pandora donde los viejos y profundos conflictos que habían quedado olvidados por la tensión geopolítica mundial entre capitalismo y comunismo, desde 1990 en adelante vuelven a emerger y ocupan la escena internacional y regional.

El nuevo orden unipolar al que ha accedido el mundo desde los inicios del siglo XXI no es un mundo más ordenado, más seguro o más pacífico: paradójicamente, es un escenario más inseguro y menos predecible, más violento y con más guerras. El concepto que mejor define geopolíticamente este siglo XXI que se inicia, es incertidumbre. En este contexto, la cuenca del Pacífico se constituye en una de las arenas geopolíticas donde tiene lugar una prolongada redistribución de las hegemonías, al mismo tiempo que se configura un nuevo orden político y económico mundial.

Durante gran parte del siglo XX los analistas geopolíticos han subrayado la importancia del Atlántico como el océano clave en el desarrollo del capitalismo mundial y han puesto de relieve que la doctrina atlántica ha constituido la fórmula estratégica que ha permitido el predominio occidental en la confrontación con la Unión Soviética, y ha instalado la supremacía estadounidense en el nuevo orden global. Esta idea tendría su corolario en que dicho predominio geo y oceanopolítico se estaría desplazando a la cuenca del Pacífico, en la medida en que esta zona presenta un dinamismo económico y tecnológico que conduce a radicar en este espacio, los procesos políticos y geopolíticos fundamentales que decidirán el futuro del mundo durante el siglo XXI. Una tal teoría no puede menos que confortar y corresponderse coincidentemente con las finalidades geopolíticas de dominación de Estados Unidos.

¿Quién dijo que la dominación global de Estados Unidos es unánimemente aceptada y reconocida en Asia y en la cuenca del Pacífico? Todo enfoque geopolítico contiene una lectura y está impregnado de los intereses de poder de la nación o la potencia desde donde se “hace geopolítica”. La particular visión globalizadora propia de los occidentales y de los Estados Unidos frente a la condición económica, política y estratégica del espacio geopolítico del Pacífico, encuentra su contraparte en las lecturas geopolíticas que los propios asiáticos hacen de tal condición. Al conocer los trabajos de algunos geopolíticos asiáticos, se percibe claramente cuán occidental, unilateral, elitista y hasta americano-céntrica es la globalización que pretende imponer la potencia estadounidense. De hecho, las lecturas geopolíticas que hacen los especialistas filipinos, chinos, taiwaneses, australianos o japoneses, aportan una visión mucho más amplia, rica y compleja respecto del presente y el futuro del océano Pacífico: es entonces cuando se comprende la unilateralidad hegemónica que contiene el proyecto globalizador de los Estados Unidos.

Desde la perspectiva china, una de las diferencias mayores entre la geopolítica estadounidense y la geopolítica china en el océano Pacífico, reside en la voluntad hegemónica global. Según el Institute of International Strategy at the Central Party School of the Chinese Communist Party, “...en comparación con la geopolítica occidental expansionista, la geopolítica china es meramente defensiva. La geopolítica de Occidente, abogando por el control del continente eurásico –considerado como el área pivote del mundo- está en el primer lugar de los intereses de la hegemonía mundial anglo-sajona, tanto como el ‘lebensraum’ de Hitler y su Tercer Reich.” Desde esta perspectiva oriental, el propósito que compromete a Estados Unidos es “establecer un marco de relaciones con las potencias euroasiáticas, de manera de prevenir la emergencia de un poder eurásico dominante y antagónico, lo que continúa siendo central para la capacidad estadounidense de ejercer la primacía global.”

China se percibe geopolíticamente como una potencia continental, y su preocupación por el problema del poder “euroasiático” así lo refleja. Según esta lectura geopolítica, China percibe a Estados Unidos en el Pacífico y en el resto del sistema-planeta, como una potencia con una voluntad de dominación y hegemonía global, que se contrapone a la posición de China en Asia. Se trata de dos visiones completamente divergentes, ya que mientras “...la geopolítica occidental subraya y prefiere el globalismo, los chinos optamos por el regionalismo...”. Y define la postura geopolítica china en los siguientes términos: “China, mientras tanto, no persigue el objetivo de controlar áreas pivotes ni el de alcanzar una importancia geoestratégica que le permita dominar el mundo. Según este enfoque, los objetivos geopolíticos de China se centran en el Asia: “Según su especial geografía, propia de los antiguos tiempos pre-científicos, China estaba confinada a su posición y su periferia. Ahora sin embargo, China es solo una gran potencia con influencia mundial y sus puntos de vista geopolíticos primarios y de influencia la vinculan a la región Asia-Pacífico. China puede crecer en sus intereses y preocupaciones, pero difícilmente podría imaginarse que China vaya a cruzar sobre Europa, África o América Latina como para construir cosas tales como ‘esferas de influencia’ o cabezas de puente.” China en este contexto, se comienza a reconocer una potencia mundial y ello explica el surgimiento de una creciente corriente intelectual de reflexión geopolítica, a través de la cual esa potencia se reconoce un lugar en el mundo y en el espacio del Pacífico.

En consecuencia, argumentan los chinos, el cambio del escenario hegemónico a escala planetaria, estaría sucediendo desde el Atlántico al Pacífico, pero en otros términos: “...el balance geopolítico mundial está inclinándose desde Occidente, liderado por los Estados Unidos, hacia China cuyo surgimiento es de una importancia evidente. Como resultado, el Atlántico aunque mantiene su importancia geopolítica, comienza a ser desplazado en la gravitación geopolítica mundial, por el Asia Pacífico y por naciones no-occidentales. Al mismo tiempo, al nivel del Asia Pacífico, la gravitación geopolítica del Asia Pacífico se está desplazando desde las áreas marítimas hacia el heartland, especialmente hacia el continente chino.”

Hay varios conceptos geopolíticos de interés en este análisis chino. Por lo pronto, resalta la noción de que el gradual desplazamiento de la hegemonía oceánica desde el Atlántico hacia el Pacífico (hipótesis que, por lo demás, necesita ser confirmada empíricamente), se está acompañando de una gradual declinación de la hegemonía occidental en beneficio de potencias no occidentales, lo que quiere decir de potencias asiáticas u orientales. El solo hecho que este planteamiento aparezca en las elaboraciones geopolíticas chinas, indicaría que esta idea es parte de los análisis que alimentan sus procesos políticos, económicos y estratégicos de decisión.

Una segunda idea resulta aún más sugestiva, al proponer que la gravitación geopolítica del Asia Pacífico se está desplazando desde las áreas marítimas hacia el heartland, indica que se está asumiendo la teoría geopolítica clásica de MacKinder del llamado heartland terrestre opuesto al rimland marítimo. Esto implica que China asumiría una “geopolítica continentalista” y se reconocería como una potencia de predominio terrestre, al mismo tiempo que percibe que las principales potencias marítimas, irían camino de la declinación.

En síntesis, la perspectiva geopolítica china es divergente en tanto ese país se percibe como una potencia mundial emergente, pero centrada en su carácter de nación continental de Asia, y capaz de lograr su desarrollo y su presencia económica en el espacio del Pacífico y, por lo pronto, se manifiesta menos dispuesta a aceptar el proyecto geopolítico de dominación occidental o estadounidense o la globalización.

El vertiginoso ascenso de la República Popular China en la economía mundial se va manifestando en cada vez más formas. En primer lugar, cabe destacar su poca vulnerabilidad a la recesión global.

El enorme dinamismo con el que crece China, y el hecho de que se va acercando cada vez más a Estados Unidos, hacen que ya muchos den por hecho que su PBI superará al de la actual superpotencia en pocas décadas, o incluso en unos cuantos años más. Y justamente allí está la motivación de este trabajo.

Un cambio en la cumbre de la economía mundial es un evento a la vez muy raro y de una importancia enorme. Es muy raro porque no se da casi nunca. Cabe recordar que Estados Unidos viene siendo la economía más grande del planeta por más de un siglo. Y es muy importante porque las consecuencias de ese cambio pueden ser trascendentales y transformar al sistema económico internacional mismo por años o décadas. Es más, un cambio de esta índole trasciende lo económico. Debido a que el PBI es el principal componente del poder nacional, también tiene consecuencias cruciales en la geopolítica global. Así, si el PBI de China sigue acercándose al de Estados Unidos, aún antes de alcanzarlo, el sistema dejará de ser unipolar como lo ha sido desde 1991, y se volverá bipolar, tal como lo fue entre 1945 y 1991.

Y si China sobrepasa a EE.UU. ¿sólo habrían consecuencias positivas? Asumiendo que China finalmente lograse sobrepasar a Estados Unidos ¿por qué tendría eso que causar alguna preocupación? Al final, al Perú y al resto del mundo, ¿por qué debería importarles si es China o Estados Unidos la potencia dominante? Después de todo, el ascenso de China parecería ser hasta ahora ampliamente positivo: luego de Japón, la Unión Europea y Estados Unidos, China se ha convertido en la cuarta locomotora de la economía mundial.

Su demanda por materias primas contribuye a elevar los precios. Más generalmente se podría pensar que como la competencia es positiva, la adición de un nuevo polo de poder al sistema internacional como importador, exportador y fuente de inversión extranjera directa sólo puede traer beneficios. Sin embargo, esto no necesariamente es así. El ascenso de China genera al menos tres interrogantes. La superpotencia que está arriba trata de imponer sus preferencias económicas y quien está arriba, en la cima del sistema mundial tiene un poder muy grande para establecer las reglas de juego y dar forma a las instituciones internacionales, según como defina sus intereses, principalmente buscando maximizar su seguridad geopolítica y su crecimiento económico.

¿Cuándo China vaya incrementando cada vez más su poder, serán sus preferencias tanto o más compatibles que las de Estados Unidos con los intereses de los países medianos y pequeños? Desde el fin de la Guerra Fría en 1991, centenares de millones en China, India y otros lugares han salido de la pobreza .

Cabe mencionar también que la potencia dominante asume buena parte de los costos de proveer una serie de bienes comunes al sistema internacional, como hacer funcionar las instituciones que aseguran el comercio y el sistema monetario internacional, o mantener los mares abiertos a la navegación de todos. China quiere los beneficios de ser una superpotencia; pero ¿estará dispuesta también a asumir los costos?

La tercera interrogante: Si China sigue acortando cada vez más la distancia con Estados Unidos, ¿cómo evolucionará la relación entre ambos países durante las siguientes dos o tres décadas? ¿hacia una creciente cooperación, o a una competencia cada vez más abierta en más y más áreas, llegando incluso a conflictos? Es difícil exagerar la importancia de esta pregunta. Si va a ser una relación de cooperación cada vez mayor, esto ayudará mucho a volver a un crecimiento económico global alto y sostenible y a la solución de conflictos regionales. También aumentará bastante la probabilidad de resolver problemas mundiales urgentes incluyendo el calentamiento global, y el más peligroso, la proliferación nuclear.

Más grave aún y como veremos a continuación, una relación cada vez peor entre China y Estados Unidos podría llegar a amenazar la paz mundial misma. Las Transiciones de Poder a lo largo de la historia han generado tensiones. Podemos definir Transiciones de Poder como aquellos periodos históricos donde la potencia dominante en el mundo, ve su posición crecientemente amenazada por otra gran potencia cuyo poder se incrementa cada vez más. Según Gilpin (1981) las tensiones comienzan porque la gran potencia en ascenso quiere más recursos, influencia y prestigio. Si China sigue creciendo, ¿está su ascenso predestinado a terminar también en conflicto? El ascenso de China tiene el potencial, al igual que las transiciones de poder anteriores, de generar fuertes tensiones con la superpotencia dominante, e inclusive de llegar a choques armados. Aún así, y como decía A.J.P. Taylor (1971), ninguna guerra es inevitable hasta que estalla.

Se puede pensar en por lo menos 3 variables que podrían hacer que el futuro de la relación bilateral no llegue a entrar mucho en el camino de conflicto. Primero, no hay proximidad territorial entre ascendente y dominante. Segundo, aunque es difícil, las naciones pueden aprender de la historia. Tercero, también en Relaciones Internacionales un supuesto central es el de la racionalidad de los actores: actúan para maximizar sus intereses.

China probablemente se ha vuelto el principal beneficiario del sistema internacional actual dirigido por Estados Unidos: crece a tasas altísimas, nadie busca frenar su avance económico ni amenaza su seguridad. Así, si el supuesto se aplica, el liderazgo chino haría un cálculo costo/beneficio sobre qué obtiene de las reglas de juego y las instituciones del sistema, y probablemente decida que es en su propio interés tratar de modificar el sistema sólo parcial y gradualmente y mantener con Washington una relación pacífica y mayormente de cooperación. ¿Optará por ese camino? En los próximos años lo sabremos.