jueves, 25 de agosto de 2011

¿Y QUE HACEMOS CON LA HAMBRUNA?

Este es el análisis, donde he dejado al lado mi lado científico y me invade mi lado humano, y debo ser honesta con ustedes, me siento avergonzada de no haber expuesto esta situación con anterioridad y es que la situación extrema de hambruna, que ha sido declarada por la Naciones Unidas (según siglas en ingles UN) en el sur de Somalia, no se había producido en este país desde hace trece años, la última vivida en 1999.

Como en muchos periódicos a lo largo y ancho del mundo, habrá algún artículo, algún anuncio sobre las grandes obsesiones dietéticas de los hombres y mujeres: ¿cómo adelgazar?, ¿cómo hacer para no comer tanto? Mientras muchos de nosotros venderíamos nuestras almas por conseguir la pastillita mágica que nos permitiera hartarnos de comida sin aumentar de peso, y sin incrementar los niveles de colesterol, hay 925 millones de personas en el mundo que se van a la cama todas las noches con hambre. Y hay más de 800 millones que tienen sobrepeso o padecen obesidad, según el Worldwatch Institute de Washington.

Más estadísticas, estas de UN: cada cinco segundos muere un niño de hambre; uno de cada cinco niños en Estados Unidos es peligrosamente obeso; 10 millones de personas mueren cada año debido al hambre o las enfermedades que provocan y acentúan la malnutrición; el mundo produce comida más que suficiente para todos los seres humanos; el presupuesto total mundial que dan los Gobiernos de los países ricos para el desarrollo de los países pobres es de 50.000 millones de dólares al año; el presupuesto de Estados Unidos para la guerra en Irak (según cifras oficiales de ese país) hasta la fecha ya duplica esa cantidad.

El hambre, que mata directa o indirectamente a nueve veces más personas cada día de las que murieron en las Torres Gemelas de Nueva York, es la manifestación más extrema posible de la pobreza, del fracaso humano. Reducir la cifra de gente hambrienta en el mundo a la mitad ha sido identificado como una prioridad dentro de los Objetivos Milenio de Naciones Unidas para los próximos 10 años.

Y es que una situación de hambruna se da en un país o zona geográfica cuando no hay suficientes alimentos, ni asistencia, ni recursos para proveer de alimentos a la población, afectada por elevados índices de mortalidad debido al hambre y a la desnutrición. La desnutrición dificulta el desarrollo físico e intelectual de las personas, debilita el sistema inmunológico, lo hace más vulnerable ante enfermedades e infecciones, y afecta especialmente a mujeres y niños. Los principales grupos de riesgo, amenazados por el hambre o la inanición, son las poblaciones pobres, que habitan tanto en el medio rural como en el urbano, y las víctimas de las catástrofes, cómo inundaciones, sequías, terremotos y demás desastres naturales, así como los conflictos armados.

Según el Programa Mundial de Alimentos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, siglas de Food and Agriculture Organization), en el mundo hay cerca de 925 millones de personas con hambre, una cifra superior a la suma de las poblaciones de EEUU, Canadá y la Unión Europea. El 65% de las personas con hambre en el mundo viven sólo en siete países, Etiopía, India, China, la República Democrática del Congo, Bangladesh, Indonesia y Pakistán. Según datos de la UN, en 2010 unos once millones de personas que viven en la zona del llamado "Cuerno de África" necesitaban alimentos, debido a las sequías registradas a lo largo de los años. Los países más perjudicados son Kenia, con unos 3,2 millones de afectados por la sequía, los mismos que en Etiopía, unos 2,6 en Somalia y otros 117.000 en Yibuti.

En la Cumbre de la Alimentación de la FAO, celebrada por la en 1996, se adoptó la Declaración de Roma, que compromete a la comunidad internacional a rebajar para el año 2015 de 800 a 400 millones el número de hambrientos en el mundo. Posteriormente, en la Cumbre del Milenio en la UN (2000), la Cumbre contra el hambre y la pobreza (2004), o en la Mundial sobre Seguridad Alimentaria (2009) también se han adoptado medidas para erradicar el hambre del mundo.

Según la FAO, después de algunos éxitos en la reducción del hambre en el mundo, la desnutrición aumentó de forma continua entre 1995-1997 y en 2009 ha habido un repunte importante, tras la crisis económica.

Entre las grandes hambrunas que han afectado a la población mundial, a lo largo de la historia, destacan las registradas en La India colonial, entre 1769 y 1770, que supusieron la muerte de unos 10 millones de personas (1/3 parte de la población). En Irlanda, en la década de 1840, el hambre a causa de una enfermedad que redujo la producción de patata, alimento básico del país, provocó que más de 1,6 millones de irlandeses emigraran a Estados Unidos. En 1943, otra hambruna desastrosa en Bengala (India) mató a más de 1 millón de personas y afectó a 60 millones de personas. Entre 1958 y 1961, en China más de 15 millones de personas fallecieron a causa de la inanición resultante de sequías e inundaciones, agravadas por el caos económico y político.

En 1966 y 1967, hubo una grave hambruna en Bihar (India). La guerra de Biafra (Nigeria), entre 1968 y 1970, hundió al país en el hambre y la miseria. Entre 1968 y 1973 la hambruna afectó a la zona de El Sahel, especialmente en el Chad, Malí, Mauritania, Nigeria, Senegal y el Volta Superior, actual Burkina Faso. En Etiopía, la sequía de 1984 agravó la situación de una zona afectada por el hambre ocasionando la muerte de un millón de personas. En la década de los noventa, en Angola, Liberia, Mozambique y el sur del Sudán, los disturbios civiles agravaron la desnutrición y las muertes por hambruna. En Ruanda se incrementaron las muertes por inanición y por los brotes de cólera y disentería entre los refugiados que escaparon a Zaire en 1994. La guerra civil en la ex Yugoslavia provocó graves carencias de alimentos entre la población, especialmente en Bosnia. En Somalia, los conflictos y la sequía de 1992-93 provocaron una hambruna que acabó con unas 300.000 vidas humanas y años más tarde, en 1999 la fuerte sequía provocó la muerte de cerca de un millón de personas.

En 1995, la ONU advirtió de la falta de alimentos en Níger. Posteriormente, en agosto de 2005 la ONU alertó de que 1,2 millones de personas estaban amenazadas por el hambre en Malí. En 2009 se cuadruplicó el número de personas que padecen hambre en el sur de Sudán, pasando de un millón contabilizado a principios de ese año hasta los 4,3 millones de principios de 2010, debido a la sequía y a los conflictos que vive el país. El número de personas que actualmente padece hambre en el mundo, 1200 millones, es el mayor que se haya registrado jamás en la historia de la humanidad, según el informe sobre Objetivos de Desarrollo del Milenio. “En el mundo, el número de personas que padecen hambre aumentó de 842 millones en 1990-1992 a 873 millones en 2004-2006 y a mil 200 millones en 2009 (aumentó 37%), nivel que nunca se había alcanzado antes”, dijo el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon. El reporte también asegura que el aumento es tanto en números absolutos como en la proporción que las personas con hambre representan de la población mundial. La evaluación entregada por el titular de la UN sucede cinco años antes de la fecha límite de 2015 para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

El representante de Naciones Unidas manifestó también que la reducción de la pobreza en el mundo ha sido dispareja y que si se deja de contar a China, la miseria —que una familia sobreviva con menos de 1.25 dólares al día— ha repuntado en el mundo. El estudio afirma que 1400 millones de personas vivían en condiciones de pobreza extrema en 2005, respecto de los mil 800 millones registrados en 1990.

En las notas positivas, el secretario general de la UN resaltó avances en el acceso universal a la educación aunque “el objetivo no se ha cumplido” y “progresos importantes” relativos a la salud. Para lograr los compromisos hacia 2015, Ban Ki-moon anunció que se necesita un flujo adicional, a los 154 mil millones de dólares en valor actual que fueron comprometidos en 2005 por la comunidad internacional, de 35 mil millones de dólares anuales para 2010.

La prensa internacional destacó esta semana que la UN declaró oficialmente el estado de hambruna en dos grandes regiones del sur de Somalia, Bakool y Baja Shabelle. Además, pidió a la comunidad internacional 300 millones de dólares para salvar vidas y afrontar los próximos dos meses en esa región ya que de lo contrario, en el citado período la hambruna se extenderá a las ocho regiones del sur de ese país africano. Además, casi la mitad de la población somalí está en situación de crisis humanitaria y el índice de malnutrición aguda entre niños supera el 30% de la población infantil. ¿Causa principal de este drama, según organismos de la UN? Una prolongada sequía que de continuar puede llegar a afectar amplias regiones de África. 72 horas antes de que la UN hiciera tal anuncio, la Unicef advirtió que 500 mil niños morirían en África por desnutrición. Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, considera que el alza en el precio de los alimentos que tanto desastre causa en los países más pobres, no es un evento aislado y que probablemente se mantendrá durante varios años.

Aquí, en una síntesis de la información recopilada, hay ocho razones por las cuales tantas personas en los países pobres se mueren de hambre al mismo tiempo que tantas en los países ricos se mueren de tanto comer.

01. La incompetencia o corrupción de los Gobiernos de los países más pobres. El ejemplo más caricaturesco lo da Guinea Ecuatorial, donde el presidente y su familia se han beneficiado con una extravagancia faraónica del descubrimiento de grandes yacimientos petrolíferos sin pensar ni un segundo en el 90% de la población que sufre hambre y abandono. Mientras el hijo del presidente ocupa suites en los hoteles más lujosos de Los Ángeles y París, y derrocha dinero comprando trajes en Rodeo Drive y la Rue Faubourg Saint Honoré, los ingresos medios de los habitantes que no son familia o amigos del presidente permanecen por debajo de un euro al día. En Angola, donde no sólo hay petróleo sino una extensa riqueza mineral, una larguísima guerra civil terminó hace dos años, pero los gastos militares no han disminuido: siguen acaparando un 30% del presupuesto gubernamental. En Nicaragua, donde la mitad de la población vive en condiciones de pobreza extrema, el 85% de la deuda externa ha sido condonada en los dos últimos años, pero todavía no hay señal de que haya subido el presupuesto, por ejemplo, para la educación. La prueba más contundente de lo devastadores que son los Gobiernos malos con políticas ineptas se ve en el hecho de que las dos hambrunas más grandes del siglo XX ocurrieron en Ucrania, en tiempos de Stalin, y en China, en tiempos de Mao.

El hambre, incluso a nivel masivo, no conlleva un coste político. Quizá un dictador africano considere sensato abastecer de alimentos a la población urbana, al menos de la capital, con la única intención de mantener el orden público. Pero si los habitantes de las zonas rurales más aisladas sufren malnutrición, ¿qué importa? Por eso el premio Nobel Amartya Sen, economista hindú de la Universidad de Oxford, argumenta en su libro Desarrollo y libertad que existe un vínculo muy claro entre tiranía y hambre, democracia y prosperidad. En las democracias, escribe Sen, no hay hambruna. “Los gobernantes autoritarios, que pocas veces pasan hambre (u otras calamidades económicas), no tienen el incentivo para tomar el tipo de medidas necesarias para que las hambrunas se prevengan”.

02. La poca fe de los grandes países capitalistas en el libre mercado. Al menos a la hora de comerciar con productos agrícolas. Uno de los grandes escándalos a nivel mundial, uno que todos reconocen pero pocos de los que podrían hacer algo al respecto abordan con la necesaria seriedad, es el de los subsidios que los agricultores de Estados Unidos y Europa reciben de sus Gobiernos. Las reglas del comercio internacional son tan injustas que si los mismos principios se aplicaran en un partido de fútbol se provocarían disturbios.

03. Las guerras y la inseguridad en general. Los peores casos de hambruna en África en los últimos años se han dado en tiempos de guerra. El frágil equilibrio que permite que, aunque la gente pase hambre, sobreviva, se rompe y ocurre lo que ahora en Sudán y hace 20 años en Etiopía. Las guerras desplazan a la gente de sus tierras ancestrales, destruyen la infraestructura alimentaria, bloquean el acceso físico a comida de otras partes y dejan secuelas -por ejemplo, la muerte de individuos que saben cultivar la tierra- de las que las comunidades afectadas tardan años en recuperarse.

04. Dan pescado cuando hay hambruna, pero no enseñan a pescar cuando no la hay. Los países ricos responden bien cuando ocurre una catástrofe, pero lo que no han sabido hacer es ayudar a que se evite, o crear las condiciones para que los problemas del hambre endémica desaparezcan. O al menos no con el empeño necesario. Un buen ejemplo lo da Etiopía, uno de los países del mundo donde más hambre hay. En 1984, el cantante irlandés Bob Geldof reunió a algunos de los mejores artistas musicales de la época y grabó una canción para recaudar fondos para las víctimas de la terrible hambruna etíope de aquel año. La iniciativa se llamó Band Aid y logró recaudar mucho dinero. Hoy, Geldof, Bono y unos 40 artistas más han hecho lo mismo, en este caso para las víctimas de Darfur, en Sudán. El problema es que: 1. Salvo brotes como Band Aid cada 20 años, los habitantes de los países ricos no se interesan lo suficiente como para presionar a sus Gobiernos para que inviertan más en ayuda a los pobres del mundo que en nuevos submarinos. 2. Mientras se reacciona de manera ágil y eficaz y contundente, a la hora de las grandes crisis, tipo Darfur, existe poco afán por el trabajo lento, gradual, poco glamuroso que se requiere para ir paulatinamente ganando terreno al hambre, y previniendo así las grandes hambrunas antes de que ocurran.

05. Hay amores que matan y gente que se acomoda a la supervivencia. Aunque la ayuda internacional es insuficiente, a veces es demasiado. Se crea un problema de dependencia que hace que comunidades enteras pierdan la costumbre de alimentarse a sí mismas. En Ruanda, un país muy pobre que ha recibido mucha ayuda alimentaria desde el genocidio de 1994, una ministra del Gobierno se quejaba, en una conversación hace un año, de que su gente, o mucha de ella, había perdido la costumbre de trabajar; de cultivar sus tierras.

06. Las enfermedades. Con lo cual se crea un círculo vicioso enfermedad-hambre-más enfermedad-más hambre. Así se va hundiendo una familia, una comunidad, un país. No sólo se ve afectada la cantidad de comida a ingerir, sino también la calidad. La proporción de carbohidratos respecto a las proteínas aumenta en la dieta cuanta más pobreza hay.

07. El determinismo geográfico. El clima y otras fuerzas ineludibles de la naturaleza pueden influir de manera decisiva en los hábitos alimenticios de la gente. Los países donde hay hambre son los países calientes de la Tierra, los que están situados entre las latitudes de los trópicos. Estos países son, por un lado, más vulnerables a sequías o inundaciones -a la violencia meteorológica- que los países del norte. Pero, por otro lado, existe la paradoja de que, en términos históricos, son países más fértiles que los fríos; están menos a la merced de los cambios bruscos estacionales.

08. La caridad comienza en casa. La solución al problema del hambre es muy sencilla de identificar y muy difícil de llevar a cabo: el desarrollo. A no ser que sea especialmente incapaz o tenga muy mala suerte, la gente que vive en Norteamérica, Europa o Japón no pasa hambre. No está mal nutrida. Y vive hasta los 75 años y más. En África viven 20 o 30 años menos.

El hambre es, junto a la crisis económica de varios países europeos, probablemente el más crudo problema del año 2011 y desafortunadamente fuera de resaltarlo en los medios de comunicación, poco se ha hecho. Es un problema con origen humano. Obedece a malas decisiones de determinadas personas, especialmente de las clases gobernantes. Cuanto más responsable y preparada sea la gente en el poder, y cuanto más generosa la gente en los países cuyos problemas de supervivencia elemental están resueltos, menos hambre habrá en el mundo. El problema es que todo esto, como demuestra la historia de la especie, es mucho pedir.