jueves, 25 de agosto de 2011

MUAMMAR GADDAFI: ¿CAE O LO HACEN CAER?

Cuando se teme a alguien es porque a ese
alguien le hemos concedido poder sobre nosotros.
Hermann Hesse

El escenario no ha cambiado. Sencillamente se ha movido; se ha desplazado de regiones. Ayer fue en Iraq y Afganistán, hoy se integran en el juego internacional, el norte de África y regiones del Medio Oriente, para así mover las fichas hacia una nueva redistribución del mundo en zonas de influencia. Es el petróleo y el agua subterránea, junto con el posicionamiento militar para el control de la región la que mueve a Estados Unidos.

Ya ha comenzado la discusión en torno a si el discurso de Obama y las acciones de Estados Unidos con referencia a Libia anticipan el surgimiento de una nueva doctrina militar en Estados Unidos. El propio presidente Obama, sin embargo, se ha encargado de desmentir al señalar que no existe como tal una “Doctrina Obama” que establezca precedente. Sencillamente, ha indicado, no se trata de aplicar en adelante un “molde”, ya que “cada país en esta región es diferente”. Sin embargo, esa expresión tiene que ser examinada a la luz de otras expresiones que acompañan su discurso sobre acciones futuras. En sus declaraciones expresa lo siguiente: “He dejado claro que no dudaré en usar nuestro ejército en forma rápida, decidida y unilateral cuando sea necesario para defender nuestro pueblo, nuestro territorio, nuestros aliados, y nuestros valores”.

Libia, oficialmente Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular Socialista, es un país del norte de África, ubicado en el Magreb. Su capital es Trípoli. Limita con el mar Mediterráneo al norte, al oeste con Túnez y Argelia, al suroeste con Níger, al sur con Chad, al sureste con Sudán y al este con Egipto. Actualmente al país se le adjudica la esperanza de vida más alta de África continental con 74 años. También cuenta con el PIB (nominal) per cápita más alto del continente africano, y el segundo puesto atendiendo al PIB per cápita en paridad de poder adquisitivo (PPA). Además, Libia ocupa el primer puesto en índice de desarrollo humano de África.

Pero ¿acabará la "extensión de la misión" de la intervención de Occidente en Libia por crear sin querer un baluarte yihadista a las puertas del sur de Europa?

Las razones de la agresión planificada a Libia por los Estados Unidos, Inglaterra, Francia, y el aparato de inteligencia de Israel, el Mossad, una operación llamada “Odisea al Amanecer”, son de orden geopolítico, en el marco de la insuficiencia energética que padece el mundo industrializado para sostener su parque automotriz y una expectativa de crecimiento económico promedio de 3,5 anual a mediano plazo, sustentado en dos ejes vitales como son la industria bélica y el sector automovilístico.

Estimaciones recientes colocan las reservas de petróleo libias en 60 mil millones de barriles de crudos livianos que constituyen 3,5% de las reservas probadas de petróleo en el mundo. La producción diaria a inicios de año era de 1.800 millones de barriles, muy por debajo de su capacidad productiva. El costo operativo de extracción es el más bajo del mundo, equivalente a un dólar por barril, lo que significa que por cada barril promediado en 100 dólares, U$ 99 se convierten en ganancias. Además, Libia posee una reserva de 1.500 millones de metros cúbicos de gas natural, que a inicios de 2011 producía 2.600 millones de pies cúbicos por día y sus planes de inversión calculan en el mediano plazo 3 mil millones de pies cúbicos. Estos planes son dirigidos por la empresa estatal Libia Corporación Nacional del Petróleo (NOC), entre las 25 corporaciones del planeta.

Italia era receptora de 32% de las exportaciones petroleras libias, Alemania 14% Francia 10%, España 9% y otros europeos 14%. Por su parte China absorbía 10%, Estados Unidos 5% y otros países 6% para un escenario dividido en dos bloques, por un lado Europa con 79% y 21% correspondiente al resto del mundo. A las compañías estadounidenses Chevron y Occidental Petroleum no se les renovó licencias de exploración y explotación de petróleo y gas natural desde el 6 de octubre de 2010. Su lugar fue suplido por la petrolera alemana RW DIA. Los contratos establecen que todas las controversias y desavenencias se dirimen en los tribunales de Libia.

En Libia se pretende reconfigurar un nuevo mapa geopolítico en el área energética del continente africano, además de derrocar a Gaddafi. Las legítimas demandas del pueblo libio por mayor participación son desafíos que ellos de manera autónoma y sin injerencias externas están llamados a resolver de manera soberana. En Libia la revuelta no es producto del descontento de masas empobrecidas. Este país tiene una balanza comercial positiva equivalente a 27 mil millones de dólares al año, la cual se traduce en un ingreso de 12 mil dólares por habitantes producto de una distribución bastante justa de los ingresos provenientes del petróleo y del gas natural; además de registrar un monto superior a los 200 mil millones de dólares en reservas internacionales.

Reportes de ambos bandos contendientes contrastaron respecto a la intensidad y éxitos de las escaramuzas en Zawiyah, pero corroboraron que los combates terrestres ganaron en intensidad en zonas como la carretera costera que conduce a la frontera de Túnez. El fin de semana, Marie Louise Manwe, representante de la Comunidad de Desarrollo de África Austral, que se reunió en Luanda, Angola, señaló que los africanos deben resolver de forma interna cualquier situación conflictiva, sin intervención foránea. La Unión Africana (UA), que integran 53 países de la región, también condena de forma reiterada la agresión armada contra Libia, que incluye bombardeos de potencias occidentales contra civiles.

Las áreas de economía descartan que los problemas en Medio Oriente y el norte de África hayan desviado las perspectivas de crecimiento. No obstante, todo depende de la duración de los problemas en la zona, que comenzaron con Túnez y Egipto, ahora tocan en Libia, y existen más naciones que presentan grandes riesgos de levantamientos, como Bahréin y el resto del mundo árabe musulmán. Por el momento no es posible definir por cuánto tiempo prevalecerá la volatilidad financiera porque no se sabe cuál será el desenlace de esos conflictos; las noticias recientes hablan de un presidente libio, Muammar Gadafi, renuente a dejar el poder.

La agitación política actual en el mundo árabe podría transformar Oriente Próximo y África del Norte de la misma manera que la caída del Muro de Berlín en 1989 significó un cambio fundamental para Europa. De hecho, 1989 marcó un hito de un periodo en el que se produjeron los más profundos cambios geopolíticos mundiales en el marco temporal más comprimido de la historia. El levantamiento popular en el mundo árabe muestra que el desarrollo del poder democrático depende de dos factores internos clave: El papel de las fuerzas de seguridad y la sofisticación tecnológica de la capacidad represiva del Estado.

Libia es un país débil y dividido. En efecto, el hecho de que la CIA esté llevando a cabo operaciones encubiertas dentro del país y ayudando a los rebeldes locales crea el riesgo de que Occidente pueda estar creando otro centro yihadista. Después de todo, la ampliación de la misión dirigida por la OTAN desde un objetivo limitado y humanitario a un asalto total sobre el ejército libio hace pensar a algunos árabes que esta guerra gira en realidad en torno a asegurar que la región no salga de control occidental.

Con esta contradicción Estados Unidos-China por el petróleo y la soberanía en Libia, podríamos decir que se inaugura la nueva geopolítica del siglo XXI. Y es, justamente, en esta situación en la que China y la India encarnan la potencia hegemónica del nuevo capital industrial (frente al financiero estadunidense), que se hace posible evitar por medios políticos la ocupación de Libia por la OTAN, so pena de que inicie la Primera Guerra Mundial del Milenio.

Sobre el perfil de los componentes del Consejo de Transición de Libia, donde el Presidente del Consejo de Transición de Libia, Mustafa Mohamed Abud Al Jeleil es el único hombre con mayor capacidad para dirigir un nuevo gobierno, en busca de elecciones libres en unos 6 meses después que todo llegue a la calma. No olvidemos que Gadafi mantuvo el poder por 40 años y prácticamente no existen partidos políticos que reúnan y/o agrupen intereses nacionales, cuando mucho existen tribus cada uno con los intereses tribales. Por lo tanto, si bien no son los mejores quienes componen el consejo, si poseen capacidades políticas para enfrentar y garantizar un nuevo orden. Existen otros como el Embajador en India, el embajador de la ONU que poseen el saber hacer en materias internacionales.

Al Jeleil, es prácticamente un desconocido en la parte internacional, pero tiene el arrastre de una gran mayoría Libia. En cuanto a lo moral no se le conoce acciones muy fuera de lo que es un árabe musulmán pudiera tener. Este político del Oeste de Libia, cumplió con las expectativas de Gadafi para apaciguar este sector importante, pero a su vez supo ver en terreno las debilidades del gobierno, desde una mirada democrática. El valor que este Consejo Nacional de Libia le añade a este proceso revolucionario, es que son los únicos personajes capaces de iniciar una nueva democracia, independiente de sus principios y valores morales y espirituales.

Los escenarios que vienen serán armados por EEUU, Francia, Italia, e Inglaterra, con una solapada intervención de China. Rusia tratará de ganar un espacio diplomático, para influir en la UE., servirá de puente para hacer tareas en busca de la paz, y de paso añadir valor a su estrategia comunicacional dirigida a stakeholders, con la intención de mostrarse menos ofensivo que su competencia. Donde Jeffrey Feltman, (asistente personal de la Secretaria de Estado) conduce la delegación de EEUU en las negociaciones secretas con Libia que tienen lugar en Túnez, que avanzan rápidamente para acordar un alto el fuego. Pero lejos de renunciar a su ambición de remodelar el norte de África a sus intereses geopolíticos, el gobierno de Obama ya se está preparando a una segunda ronda de acciones secretas. Con la apertura de negociaciones [secretas] y directas entre Obama y Gaddafi, Washington ha cerrado el canal permanente de negociación que había abierto París.

La Casa Blanca estaría satisfecha con un alto el fuego en el que la OTAN, aunque no pueda controlar la totalidad de la región de Cirenaica, le basta y le satisface poder conservar sólo tres enclaves, entre ellos Bengasi y Misrata.

La OTAN pensaría después ceder su lugar a una fuerza de mantenimiento de la paz de las Naciones Unidas. En términos de calendario, la fiesta religiosa musulmana del Ramadán (este año se festeja del 1 al 29 de agosto) se presenta como una buena oportunidad para detener el bombardeo y para hacer esta transición.

Las condiciones que Washington ambiciona y espera obtener son:

que Libia se muestre generosa en términos de concesiones petroleras y arrendamientos de gas; por otro lado Washington quiere organizar la jubilación definitiva y anticipada del de Gaddafi. Del punto de vista libio, la primera exigencia se puede discutir todavía, pero la segunda es percibida como un insulto, Muammar Gaddafi, se ha convertido en el símbolo de la unidad y de la resistencia del país. La delegación libia considera esta última exigencia como una ofensa.

En tercer lugar, el repliegue militar de la OTAN en Libia no significa que Washington haya abandonado definitivamente a sus ambiciones. Ya están preparando un nuevo complot. Después que el alto el fuego haya entrado en vigor, los Estados Unidos desplegarán una serie de operativos y acciones secretas para alterar la situación o estabilidad política en Libia. Apoyándose en la interpretación de un análisis británico incompleto, Washington pensó que las tribus hostiles a Muammar Gaddafi se unirían al Consejo Nacional de Transición (CNT). Los expertos del Consejo de Seguridad Nacional se sorprendieron al ver más bien que las tribus se reconciliaban con el «Guía» y se unían a él para luchar contra la injerencia extranjera. Por tal motivo, durante la tregua, será indispensable para los planes de Washington de establecer un contacto directo con estas tribus y convencerlos de que elijan el bando occidental, si una nueva oportunidad se presenta. Por otro lado, bajo la cobertura de efectuar operaciones humanitarias llevadas a cabo por organizaciones supuestamente «no gubernamentales», o por países miembros de la OTAN que no han participado en las operaciones militares de agresión contra Libia, la CIA y el Pentágono tienen la intención de desplegar o agentes de desestabilización y sabotaje.

La forma como se llega a este tipo de conclusiones anticipatorias no tiene nada de azaroso. En rigor, no se trata ni de adivinanzas ni de pronósticos, porque el futuro no es previsible. La cuestión es más compleja. Se trata de comprender las líneas de fuerza, las relaciones de poder, los puntos fuertes y débiles de las relaciones internacionales entendidas como un sistema. Algo así como detectar qué ladrillos del muro son los que sostienen la estructura, de modo que si son retirados o se ven afectados puede venirse abajo toda la construcción, por más sólida que sea en apariencia.

Sin embargo, cuando se insiste en que estamos atravesando una crisis sistémica no debe entenderse, como suele suceder muchas veces, de que es el sistema capitalista el que está en crisis terminal. Lo que se pretende enfatizar es que el sistema internacional tal y como venía funcionando desde su última gran reestructuración, punto que podemos fijar en 1945 al finalizar la Segunda Guerra Mundial, no seguirá existiendo durante mucho tiempo. Los análisis sistémicos no suelen precisar fechas exactas para que los cambios sucedan, sino apenas indicar que se ha ingresado en una etapa signada por algunas tendencias de fondo. Por ejemplo: la crisis de la hegemonía estadounidense. Eso quiere decir que Estados Unidos por sí solo ya no puede delinear el mapa del mundo a su antojo como lo hizo durante cinco o seis décadas. Pero no quiere decir que vaya a desaparecer sino que seguirá siendo una potencia, seguramente la más importante, pero sin el poder de antaño en un mundo multipolar.

El desenlace de la crisis en Libia tiene el potencial de sentar la tónica de lo que será el curso de acción de las potencias occidentales con relación a la redistribución de los espacios y los recursos naturales en el continente africano. Aparentemente, ya las fronteras trazadas por esas mismas potencias durante el pasado siglo son insuficientes para sus necesidades actuales. Está por verse hacia dónde llevará a la humanidad el nuevo imperialismo del siglo 21.