lunes, 21 de febrero de 2011

LAS GUERRAS DEL SIGLO XXI

Algunos problemas los encaramos a través de discursos que metaforizan al problema como un enemigo y la actividad de solución como una guerra. La reedificación de los problemas tiene otra consecuencia: la exterioridad del mal respecto a la sociedad en donde se presenta. Los “malos” de las distintas guerras siempre son “ellos”: los terroristas, los narcotraficantes, los corruptos, como si se tratara de un grupo de diez o quince personas que, una vez erradicadas, dejaran de producir el mal que simbolizan y éste se acabara automáticamente. Este “ellos” se opone a un “nosotros”: nosotros los ciudadanos honestos, nosotros los países democráticos, nosotros los que sólo tomamos alcohol.

El mal queda plasmado como una exterioridad al sistema que ataca, como si el sistema fuera invadido por un mal del cual no es responsable. Luego del fin de la Guerra Fría y del desmembramiento de la Unión Soviética, los temas puramente económicos pasaron a ser los más estudiados en el área de las políticas públicas, existía menos demanda para estudiar los relacionados con la defensa. Sin embargo, en menos de una década, todos los temas económicos empezaron a entremezclarse con los de seguridad, defensa e inteligencia.

Las circunstancias del mundo de hoy, caracterizado por la creciente intervinculación entre los países y por la acumulación de graves problemas vinculados al desarrollo de las economías tipo casino, son nuevas, por lo que la solución de los problemas existentes no puede basarse en recetas aplicadas con anterioridad. Ello explica por qué es cuestionable el uso de la palanca armamentista como estímulo a la economía, teniendo en cuenta además los peligros que ello significa, dada la complejidad de la situación actual. El derecho al libre movimiento de los bienes, del dinero, y de las personas es la esencia de la economía liberal, toda lucha efectiva contra el terrorismo los toca.

El terrorismo y el antiterrorismo afectan al marco en que se desenvuelven las libertades económicas, civiles y políticas: el Estado de Derecho. El populismo, y especialmente una nueva variante, el indigenismo, alentado por las fuerzas que poco tienen que ver con el quehacer indiano, se está acercando muy peligrosamente al modus operandi terrorista. Estos problemas son más que un llamado de atención y añaden otra área de análisis al complicado tema de la violencia política. Además, el monopolio del Estado, en materia de defensa, seguridad e inteligencia, puede ser tanto o más peligroso para una sociedad que el monopolio estatal en materia económica y materia cultural, de allí la importancia de que la sociedad civil, que no puede permanecer extraña a esta lucha, también los aborde.

Lamentables fueron los hechos acontecidos en la mañana del 7 de julio, en la Ciudad de Londres, la cual despertó con las detonaciones de varios artefactos explosivos colocados en su sistema de transporte público de Londres, básicamente en el Metro y en algunos autobuses, a poco menos de 24 horas de haber sido designados como ciudad- sede de los Juegos Olímpicos para el 2012 y en el marco de la celebración de la Cumbre del Grupo de los 8 países mas industrializados (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Rusia y Japón) y otros cinco países invitados a la Cumbre, entre ellos México y Brasil, en la ciudad de Gleneagles, Escocia.

Pero desde los ataques del 11 de septiembre, Londres conocía, que la ciudad era un blanco y que seria perpetrado en el Metro de Londres, de allí la importancia que cobra lo expresado por el comisario de la policía metropolitana británica, Sir John Stevens, dijo el 7 de abril de 2004, para la BBC, “que el blanco "probable" del ataque era la ciudad de Londres”, aunque precisó, “que el plan buscaba atentar en el metro de Londres y que un ataque terrorista era inevitable”.

Desde el año 2004, los servicios de emergencia británicos, han estado realizando simulacros de ataques terroristas en el metro de Londres, para probar la capacidad de respuesta de los mismos. Recuerdo el comentario de una amiga, sobre los cuidados que se tienen en el Aeropuerto de Heathrow, donde se escucha constantemente una grabación, advirtiendo: "no deje ningún objeto sin atención, cualquier bulto sospechoso será removido y destruido", la cual se repite en el metro y se lee en una calcomanía en los autobuses, ella dedujo “que Londres, ha convivido con el horror desde mucho tiempo y aunque pasen 100 años siempre habrá alguien que recuerde haber dormido en los andenes del metro durante los bombardeos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial”, ese mismo metro que no tiene cestos para basura en sus pasillos, a objeto de eliminar potenciales depósitos de bombas del Ejército Republicano Irlandés (IRA), y es que el Reino Unido, se encuentra en estado de alerta máxima sobre todo desde los atentados del 11 de marzo en Madrid, trayendo como consecuencias que el Gobierno británico, lanzó una campaña para reforzar las medidas de seguridad en los medios de transporte públicos para prevenir posibles ataques de organizaciones como Al Qaeda, y es común observar Guardias vestidos de civil, que viajan en el metro de Londres y en los trenes, al tiempo que se ha instado a la población a estar atenta a paquetes, bolsos o maletas abandonadas de forma sospechosa en esos medios de transporte.

Claro esta que, los desafíos que presentan los narcoterroristas, así como también los de terroristas religiosos, son distintos a los del terrorismo del pasado inspirado por el socialismo. Los grupos involucrados en el tráfico de drogas para financiar sus actividades, pueden acceder a fondos por vías muy distintas. Operan en áreas donde el control gubernamental es débil, y tienen canales de comunicación con territorios en países vecinos, donde hay incluso menos control, por lo que, cuando una nación está determinada a dar una batalla total, la victoria puede ser elusiva y la infiltración es esencial en las guerras no convencionales. El honor, la gloria y el coraje, así como el odio, motivan a quienes tratan de infiltrar al enemigo ideológico. Los incentivos materiales, a veces los complementan y ayudan a reclutar. La necesidad de infiltración crece durante las épocas de lucha y amenaza terrorista. Se incrementa la demanda y la complejidad de la tarea de los servicios de inteligencia y también se hace más difícil la tarea de los líderes terroristas.

La ilegitimación de los terroristas también es muy distinta, dependiendo de lo que los motiva y financia. No es lo mismo ilegitimizar a quienes son movidos por el dinero de la droga, el terrorismo de hoy en día esta impulsado por factores muy diversos, desde el nacionalismo vasco, a las fuerzas de las sectas violentas por motivos religiosos.

Para Mario Vargas Llosa, “el terrorismo es el protagonista de las guerras del siglo XXI y el pacifismo está muy lejos y es muy difícil que se alcance", agregó que los conflictos se están globalizando y hay una visión de "los enemigos invisibles" que "aparecen y desaparecen". Este nuevo enemigo -indicó- "no son naciones, ni grandes movimientos sociales, sino sectas, crepúsculos que por su fanatismo son muy difíciles de combatir". Ejemplificó con una cita de George Orwell sobre el enfrentamiento entre un mosquito y un elefante que "aunque no lo puede derrotar, le puede hacer la vida difícil, casi imposible".

El desafío de combatir al terrorismo, además de afectar a la mayoría de las áreas relevantes del sistema económico nacional e internacional, también atañe a la labor de multitud de dependencias gubernamentales. En los Estados Unidos, por ejemplo, el Comité Conjunto de Agencias Gubernamentales en el área de la lucha antiterrorista, involucra al Comando Mayor Conjunto, al Comando de Operaciones Especiales, a la oficina del Viceministro de Defensa a cargo de Operaciones Especiales y Conflictos de Baja Intensidad, a la CIA, la FBI, el Departamento de Estado, y el Departamento del Tesoro. Además de tener que involucrar a todas estas instituciones, el Comité Conjunto no tiene mucho poder de decisión y necesita de la aprobación del Embajador de Estados Unidos en cada país, que pretenda actuar, al igual que la cooperación de las agencias de los países donde es necesario hacerlo.

La lucha antiterrorista necesitará de los talentos de profesionales de distinta formación y de distintos rincones del mundo. Cada vez que la libertad de la persona se expone a situaciones de inseguridad, lo que tiende a ceder, son los resguardos para la libertad. Es por eso que creo que no es exagerado decir que, por más humilde que sea nuestra contribución, el desafío es tal, que todo aporte en el campo del desafío terrorista y neo-populista es una contribución valiosa a la libertad de la persona humana.

En su discurso ante el Congreso de los Estados Unidos, luego de los ataques del 2001, el Presidente George W. Bush, sostuvo que “el criminal ataque terrorista del 11 de septiembre, fue un acto de guerra, el cual dará origen a una acción de eliminación, destrucción y exterminio de la red terrorista mundial”. En esencia, el Presidente Bush anunció al mundo el inicio de la primera guerra del siglo XXI.

Para lo cuales preguntas surgieron: ¿Cómo será esa guerra? ¿Contra quién se va a librar? ¿Será una guerra limitada o será una guerra global?, siendo el propio Presidente Bush, quien aclaró que la próxima guerra, según sus palabras, será una “guerra prolongada, no sólo contra los terroristas sino también contra aquellas naciones que le proporcionen ayuda o protección”.

En esa guerra, el mundo se encuentra dividido en dos bandos: entre los que están con los Estados Unidos y los que apoyan a los terroristas, yo soy bueno porque lucho contra el mal absoluto. Quien no lucha contra el mal absoluto no es bueno. Quien no lucha a mi manera (es decir, de forma guerrerista) no lucha contra el mal absoluto y por tanto no es bueno. Esta es la lógica que opera en los discursos de guerra perpetua. El dualismo concomitante al discurso de guerra perpetua tiene una importante consecuencia: no se escuchan las críticas. El crítico aparecerá como un agente del enemigo, no aparecerá como alguien que también quiere resolver el problema, sino como uno que carece de voluntad para enfrentarlo y quiere rendirse en la guerra.

Esto es patente en los debates en torno al terrorismo, donde hay un elemento adicional: toda duda será vista como flaqueza ante los terroristas, por lo que no debe haber ninguna crítica de ningún tipo ante la guerra. Y esto se llama patriotismo.

Pero esa guerra, también, presenta una dificultad que no se ha suscitado en ningún otro conflicto bélico. Se trata de una guerra contra un enemigo invisible, sin fronteras territoriales, sin ejército convencional y sin demandas ni objetivos claros. Una guerra global prolongada en contra del terrorismo y de las naciones que lo apoyen, que involucre a todos los países del mundo, podría ocasionar algunos peligros.

Al caracterizar el problema como mal absoluto, las consecuencias del problema se tienden a exagerar. Es indudable que el terrorismo pone en peligro la vida de muchos occidentales, pero es absurdo suponer que amenaza la misma forma de vida occidental: racistas como Samuel Huntington, quieren hacer de este conflicto uno entre oriente y occidente, ¿es que alguien puede sostener con franqueza que unos cuantos miles de extremistas con explosivos van a lograr que en Londres se viva como se vivía en Kabul bajo el régimen Talibán?

Los discursos guerreristas que he descrito son autoperpetuantes por dos características: su ineficacia y su robustez. Lo primero, por que atacan a un proceso como si fuera una cosa: el hombre en la calle lo dice: no atacan las causas del problema, es cosa de sentido común. Lo segundo, porque al concebir el problema como enemigo no se miran los fracasos sino como ataques del enemigo, lo que perpetúa y fortalece la guerra en lugar de debilitarla. También porque el dualismo concomitante a un discurso de guerra impide que se escuchen críticas.

Podemos explicar un poco más saliéndonos del análisis del efecto cognitivo de las metáforas. Estos discursos autoperpetuantes son el producto de instituciones autoperpetuantes. En el caso del terrorismo, el poder es muy claro. En los casos de la lucha antidrogas y anticorrupción podemos ilustrar un poco el poder: cuando un acto que todo el mundo comete se hace ilegal, la persecución del crimen sólo puede ser selectiva. Es imposible perseguir la corrupción o las drogas sin decidir de antemano a quién perseguir en particular. Por esto, al ente encargado de perseguir estos crímenes se le entrega el poder de decidir a quién perseguir. ¿Y a quién persigue? Sólo a los que odia o a quienes no le dan sobornos. A las instituciones les gusta el poder, y es lógico que apoyen discursos que alarguen su poder.

Además, los discursos de guerra perpetua niegan la responsabilidad de un sistema en la creación de los problemas. La exageración del problema es significativa porque así se justifica el desvío de muchos recursos para la “guerra”. Así definida, la primera guerra del siglo XXI parece ser una guerra mundial, ya que involucra a todas las naciones del mundo, en un sentido o en otro.