sábado, 23 de junio de 2012

GEOPOLÍTICA DEL PETRÓLEO NO CONVENCIONAL

El petróleo, es una materia prima sumamente versátil tanto por su uso energético como por la multiplicidad de productos para consumo final que de él se obtienen tras su procesamiento petroquímico. Desde aproximadamente 1860, existe una “civilización material petrolera” que hace del petróleo la fuerza motriz abrumadoramente dominante del último siglo. Pero la importancia del petróleo en nuestra sociedad es del mismo grado que la vulnerabilidad que genera. Tras una gran devastación ambiental planetaria se vislumbra, por agotamiento de los recursos, el límite tecnológico del capitalismo petrolero.
Y  pensar que la geopolítica de la civilización petrolera va más allá del horizonte marcado por las estrategias diseñadas para definir, difundir y sustituir el uso energético de los hidrocarburos. Es considerar, además, el papel que el petróleo tiene en nuestras sociedades como fibra que teje el conjunto de la reproducción social y su grado de correspondencia con la hegemonía estadounidense. 
Es necesario además, comprender el conjunto de intereses petroleros nacionales o corporativos que luchan por emerger, mantenerse o reacomodarse en la estructura productiva que indiscutiblemente comanda el mercado mundial, al menos desde sus dos usos esenciales: el energético y el no energético. Pero también, juntas y por separado, hay que considerar las diversas dimensiones de las estrategias (tecnológica, productiva, militar, política y financiera) y sus temporalidades (corto, mediano y largo plazo). Esto se hace necesario para evidenciar los mecanismos íntimos que fundamentan el poder de los capitales petroleros y las contradicciones profundas contenidas en esta lógica de acumulación de riqueza. 
En última instancia, es entender el uso productivo y reproductivo que la sociedad petrolera hace del territorio y los amargos límites que ésta acarrea. Sin embargo, pensar en la civilización petrolera desde una geopolítica crítica requiere además que la confrontación entre capitales petroleros sea vista desde la propia sociedad y desde los movimientos y organizaciones sociales que enfrentan el poder petrolero. Se trata de una perspectiva fuera de la lógica de este poder que pretende construir argumentos útiles para la construcción de formas justas de reproducción de nuestra sociedad, pero que no deja de contemplar las características íntimas del poder que la somete. Punto de partida que propone construir luchas y resistencias conjuntas ante la lógica hegemónica de la civilización material petrolera, identifica conexiones reales a partir de sus contradicciones, muestra sus límites materiales en cada una de ellas y reconoce la necesidad de pensar una geopolítica crítica desde la reproducción social común y colectiva. 
Es necesario mostrar un rasgo particular de la civilización petrolera que se dibuja durante la lucha por el control y uso de los hidrocarburos. Pensar la consolidación de la civilización petrolera es pensar, también, la emergencia de la hegemonía planetaria de Estados Unidos y el papel estructural de su traspatio continental. La definición de la supremacía estadounidense se ha fundado y definido con el control del petróleo en cada uno de los pasos del proceso productivo y reproductivo, especialmente mediante la garantía de abasto de los yacimientos del Golfo de México, Venezuela, del pie de monte andino amazónico y, al norte del continente, de Alaska y Canadá. Mientras que desde un inicio todas las potencias se volcaron hacia el control de los yacimientos del Medio Oriente, Estados Unidos, sin dejar de ocuparse intensamente en esta región, se aseguró las reservas conocidas y probables del continente americano y que se constituirían como garantías de suministro en cada uno de sus movimientos geopolíticos y/o en posibles periodos de crisis de abasto.
A partir de la perforación de los primeros pozos petroleros a mediados del siglo XIX (en Bakú, hoy capital de Azerbaiyán, y Pennsylvania, Estados Unidos), la disputa por los campos petroleros entre las potencias mundiales desencadenó múltiples conflictos nacionales e internacionales. Aún sin consolidarse como la potencia hegemónica en el mundo, Estados Unidos se confrontó con el capital petrolero británico y holandés una vez que John D. Rockefeller fundara la empresa petrolera que con el tiempo se volvería la más poderosa del mundo: Standard Oil.3 En los albores del siglo XX, Estados Unidos, a través de esta empresa, comenzó su política petrolera en América con la expulsión de las petroleras inglesas.
Las dos Guerras Mundiales fueron el marco en que se dirimió brutalmente el reparto petrolero entre las potencias mundiales, pero además, fue la destrucción del patrón productivo basado en el carbón y su reconstitución basada en el petróleo (Casifop-Oilwatch, 2006), consolidándose la presencia abrumadoramente hegemónica de Estados Unidos por el control indiscutible del sector.
El tablero geopolítico energético de los hidrocarburos, que se define en torno a la estrategia de Estados Unidos para mantener su hegemonía, permite ver dos tendencias claras: el intento por alargar lo más posible el patrón energético petrolero, además de garantizar su permanencia hegemónica en el patrón energético futuro.
Dentro de la lógica del patrón energético petrolero se compite por desarrollar tecnologías que permitan mayor eficacia energética, acceder a yacimientos difíciles como los de aguas profundas y ultraprofundas o de ambientes hostiles como los del Ártico, además de perfeccionar mecanismos para utilizar yacimientos no convencionales (arenas petrolíferas, en Alberta, Canadá y Maturín, Venezuela, y esquistos bituminosos, en las Rocallosas occidentales). Por su parte, la estrategia para trasformar el patrón energético camina por senderos distintos. 
En el largo plazo, parece que el hidrógeno tendrá un papel central en el escenario energético y además poder delimitar un escenario internacional en el que terminen las dependencias energéticas de:
Estados Unidos respecto al petróleo en Medio Oriente
Europa en relación al gas Ruso
China sobre los combustibles fósiles en África
Ello ha de reestructurar los pronósticos referentes a la fecha en que los recursos petroleros y gasíferos llegarían a su fin, que todo parece indicar no será en un futuro cercano, tal como se ha venido vaticinando en las últimas décadas. 
¿De qué manera impacta todo esto la geopolítica global? La respuesta es muy sencilla la distribución geográfica de las nuevas reservas energéticas es mucho más democrática y favorece a los grandes consumidores al punto que podría introducir cambios importantes en el equilibrio geopolítico, de tal suerte que el futuro mercado energético podría quedar fuera de las manos de los jeques árabes.
¿Qué tecnologías están contribuyendo a dibujar un nuevo mapa de la energía del mundo?
1.- Nuevos tipos de exploración petrolera en aguas profundas, como el caso de los depósitos submarinos ubicados en las costas de Brasil y que se conocen como el “pre-sal”.
2.- Arenas petrolíferas en Canadá, una explotación que ha sido posible gracias a la evolución y modernización de los procesos físicos y químicos que mejoran el crudo de baja calidad.
3.-Explotación de gas de rocas de esquisto. Cambio que en 2012, nulificó las importaciones de gas que hacía EEUU desde Canadá en 2008 (Calculadas en un 13%). El impacto es tan fuerte en esta materia que inclusive se considera estamos entrando a la “era dorada de gas”. Probable razón por la que Argentina expropió a la petrolera YPF ya que habían explorado los campos de petróleo y gas de esquisto en la zona de Vaca Muerta.
3.1- Tecnologías cruciales
3.1.a) Técnica de perforación horizontal, que permite el uso de las reservas en grandes áreas, pero a poca profundidad.
3.1.b) Técnica de fracturación hidráulica, mediante la cual se bombea una mezcla de agua, arena y químicos en los pozos de producción.
Impacto ambiental de la producción de petróleo y gas (no convencionales)
Desalienta la búsqueda de fuentes de energías renovables y el uso más eficiente de la energía.
Son tan contaminantes como los combustibles convencionales.
Que sean rentables o quiere decir que sean sostenibles ambientalmente
En el caso del gas de esquisto, otro factor agravante es el riesgo de contaminación de aguas subterráneas por los químicos usados. También se cree que el gas liberado puede desatar pequeños temblores de tierra. (Francia prohibió las técnicas de fracturamiento hidráulico en 2011)
Ubicaciones geográficas de estas fuentes no convencionales: Al momento, las reservas más grandes están en China, Argentina, México, Sudáfrica, EE.UU., Canadá y Australia, pero también hay depósitos en Colombia, Francia, Polonia y Reino Unido. Durante medio siglo, el centro de gravedad mundial del suministro de energía ha sido Oriente Medio. Este hecho ha tenido enormes consecuencias para el mundo en el que vivimos y esto está a punto de cambiar. Para el  2020, la capital de la energía se habrá desplazado muy probablemente hacia el hemisferio occidental, donde estaba antes del ascenso de megasuministradores de Oriente Medio como Arabia Saudí y Kuwait, en los años 60. Las causas de este cambio son en parte tecnológicas y en parte políticas. Los geólogos saben hace mucho que las Américas albergan grandes cantidades de hidrocarburos atrapados en depósitos offshore (en el subsuelo marítimo) de difícil acceso, rocas de pizarra bituminosa en tierra firme, arenas petrolíferas y formaciones de crudo pesado. EE UU posee petróleo no convencional en cantidades que superan los dos billones de barriles, con otros 2,4 billones en Canadá y más de 2 billones en América del Sur, mientras que las existencias de petróleo convencional de Oriente Medio y Norte de África ascienden a 1,2 billones.
La producción de gas bituminoso de Estados Unidos se ha disparado, en menos de una década, desde prácticamente cero a entre un 15% y un 20% del suministro nacional de gas natural. En 2040, podría representar más de la mitad. Este enorme incremento de volumen ha dado un giro radical a las conversaciones en la industria estadounidense de gas natural; si antes EEUU se las veía y se las deseaba para satisfacer las necesidades de gas natural del país, ahora le preocupa encontrar compradores potenciales para el superávit.
Esta reordenación de la geopolítica impulsada por los hidrocarburos ya está ocurriendo. El petropoder de Irán, Rusia y Venezuela ha retrocedido ante las abundantes provisiones de gas natural de América: el superávit de recursos en las Américas está obligando a los otros proveedores extranjeros a buscar compradores en Europa y Asia, haciendo más difícil que esos exportadores se afirmen mediante la dureza de una “diplomacia” energética. La industria de la energía de Estados Unidos también podría proporcionar a Europa y China la ayuda técnica necesaria para aprovechar sus recursos no convencionales, aliviando su necesidad de plegarse a Moscú o al Golfo Pérsico. Así que vigile esta área: EE UU puede volver a tomar las riendas el sector energético. 
A mediados de la década de los 2000 Harold Hamm, un hombre humilde, el hijo número 13 de una familia de campesinos de Oklahoma, quien desde muy joven, sin dinero para estudiar, tuvo que trabajar en los campos de petróleo del estado, descubrió el llamado Campo Bakken, una reserva gigantesca y prolífica de petróleo entre los estados de Dakota del Norte y Montana. La producción de esa reserva, controlada principalmente por Continental Resources en Dakota del Norte ha sido tan grande que Estados Unidos se ha convertido en el tercer productor de petróleo del mundo. 
El Servicio Geológico de EEUU calcula las reservas de Bakken en 4 a 5 billones de barriles de petróleo. Hamm insiste que la reserva contiene 24 billones de barriles, una décima parte de los 267 billones que Arabia Saudita tiene en reservas, y el doble de la enorme reserva de Prudhoe Bay en Alaska. En 2006, Continental Resources tenía reservas probadas de petróleo de 118 millones de barriles. Ahora cuenta con 421 millones de barriles de reservas probadas, las cuales espera triplicar en cinco años. Muy pronto Dakota Norte superará a California como productor de petróleo doméstico. 
El petróleo y el gas natural serán importantes en los próximos años, pero necesitamos proseguir con las iniciativas “verdes” y de energía alternativa (biogás y otras farsas como el etanol). El secretario de energía Chu (ganador del premio Nobel) dice que en cinco años se desarrollara una batería que aumentará el millaje de los carros a 208 kilómetros por galón, o un poco más de 55 Km/litro.
Hamm también ha sido un pionero en el desarrollo de nuevas tecnologías para extraer el petróleo, sobre todo la perforación horizontal, que permite perforar a mas de dos millas de profundidad y luego extender horizontalmente por miles de metros esas perforaciones. Unido a la técnica de fracturación hidráulica que permite encontrar y desarrollar gigantescos yacimientos de gas natural como el de Marcellus, entre New York y Pennsylvania, unos de los más grandes del mundo. Esta tecnología también permite extraer gas y petróleo de las rocas en la cordillera de las Rocosas en el oeste americano y de las arenas de Alberta en Canadá. Todo lo que indica a Hamm un brillante futuro energético para el país. 
Además, las importaciones de petróleo de EEUU de países de la OPEP ha disminuido de 2/3 partes a menos de la mitad (de la cual el 40% viene de México y Canadá). De manera que con el desarrollo de los campos de arena de Alberta, Norteamérica (Canadá, EEUU y México) puede muy fácilmente substituir a la OPEP como la mayor productora de petróleo mundial. 
Pero ¿puede lograr EEUU la autosuficiencia en producción energética? Es una pregunta difícil de contestar.
El petróleo, como cualquier otro recurso natural, es finito, y algún día se agotará. Pero como famosamente dijo el economista John Maynard Keynes, en el largo plazo todos estaremos muertos, y el fin del petróleo está muy lejos; nadie que esté vivo hoy verá su final. 
Los últimos cinco años lo han cambiado todo y las nuevas tecnologías también. Al parecer, para la gran infelicidad de los fanáticos ambientalistas, los combustibles fósiles, serán por mucho tiempo los combustibles que más se sigan utilizando en el planeta. Su precio lo garantiza. La ineficiencia y costo de las demás fuentes energéticas alternativas, también. Y sobre todo, los nuevos avances tecnológicos, que permitirán la extracción de combustibles fósiles a cada vez menos costo y esfuerzo.